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QUÉ PUEDE APORTAR FABIÁN RAMÍREZ EN CUBA

01 Mar

fabian ramirez2La llegada de José Benito Cabrera, alias Fabián Ramírez, jefe del llamado Bloque Sur de las Farc a La Habana no es una sorpresa, pero si despierta varios interrogantes; para algunos analistas la narcoguerrilla intenta probar una unidad de cuerpo de la organización criminal, para otros su presencia es fundamental en el debate del tema del narcotráfico en tanto es el cabecilla que más peso tiene en esta conducta delictual.

Este terrorista ha actuado en los últimos años bajo el mando de Milton de Jesús Toncel, alias Joaquín Gómez, miembro del llamado Secretariado y quien ha venido sosteniendo que es necesario suspender los diálogos mientras se “aclara” lo de las chuzadas del Ejército a los negociadores de La Habana “determinando también el grado de culpabilidad de la CIA en las mismas”, lo que hace suponer cuál será el papel de su lugarteniente en la mesa de negociaciones.

Cabrera está formado ideológicamente en la vieja escuela ortodoxa del marxismo-leninismo fariano, es un estalinista de pura cepa, pero no por ello tuvo reparos para asumir la responsabilidad del narcotráfico de las Farc en el sur colombiano donde es reconocido por ser el autor de graves delitos de lesa humanidad dirigido contra la población civil y especialmente comunidades indígenas a fin de doblegarlas a la voluntad de la organización narcoterrorista.

Oriundo del Paujil, Departamento del Caquetá, pasó de la Juventud Comunista JUCO, organización del PCC, a las filas del narcoterrorismo a finales de los años 70 cuando apenas pasaba la adolescencia, de tal manera que no cuenta con otra formación distinta a la de la guerra que las Farc le dieran, es por ello que ha sido reconocido como una de sus más efectivas armas criminales. De este individuo se sabe que desde la VIII Conferencia hace parte de las estructuras financieras y que no pudo llegar al Secretariado por oposición del abatido Raúl Reyes; siempre ha estado vinculado al negocio narcotraficante, primero como encargado del cobro del gramaje, impuesto cobrado a los narcotraficantes y luego como impulsor del ingreso pleno de la narcoguerrilla a ese criminal negocio.

Su fama de asesino a sangre fría se extendió cuando en octubre de 2009, como se evidenció en un correo electrónico hallado en los computadores del también abatido Mono Jojoy, pidió permiso a sus mandos para acabar con la vida de su propio hermano por faltas a la disciplina, entonces Joaquín Gómez se limitó a recomendarle que lo hiciera de forma rápida para evitarle daños a la estructura criminal. En noviembre de 2010 se creyó que había perecido en un bombardeo sobre uno de sus campamentos, pero reapareció un año después incurso en los negocios narcotraficantes de las Farc. Posiblemente fue auxiliado estando herido y trasladado por hombres al mando de alias Burro Octaviano y trasladado al Ecuador donde se recuperó.

Se conoce también que al mejor estilo mafioso, Ramírez lleva cuadernos con los nombres de los responsables de las estructuras del Bloque Sur donde anota “méritos” y “deméritos” conforme al cumplimiento de las cuotas fijadas para el narcotráfico, imponiéndose duros castigos, incluso el asesinato, para aquellos que a su juicio no cumplen con estas o que son o pueden ser un riesgo para la organización narcoterrorista. Así mismo se ha evidenciado su responsabilidad en el reclutamiento de niños, niñas y adolescentes, apareciendo en algunos vídeos como instructor de armas o político de los mismos.

De su prontuario delincuencial se sabe que fue uno de los cabecillas de la toma al puesto militar de Las Delicias en agosto de 1996, asalto criminal en el que perdieron la vida 31 soldados y secuestrados 70. Sería luego negociador de las Farc en el fallido proceso del Caguán (1998-2002), caracterizándose por ser uno de los elementos más intransigentes, oponiéndose a todo pero sin presentar propuestas concretas en torno a la paz.

En lo corrido del proceso de La Habana, se tenía como uno de los mayores opositores al mismo dentro de las filas de la organización criminal, pues considera que cualquier negociación puede constituir una renuncia y una traición a los “ideales” de lucha y toma del poder, acérrimo defensor de la combinación de las formas de lucha preconizada por el PCC desde los años 40, no tiene mucho que aportar política o militarmente al proceso, por lo que tal vez su presencia esté más encaminada a ser un palo en la rueda del mismo y una justificación de un eventual fracaso.

Habrá que esperar cuál posición toma como negociador, pero lo previsible es que vuelva a jugar el mismo papel desempeñado en El Caguán y no como un aportante de ideas y construcción de paz.

 
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Publicado por en marzo 1, 2014 en Opinión Pública

 

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