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EL DESBORDE DE LAS BANDAS CRIMINALES

26 Mar

EL DESBORDE DE LAS BANDAS CRIMINALESHoy las bandas criminales o Bacrim constituyen una verdadera amenaza al desarrollo del Estado social de derecho, a semejanza de sus pares las Maras centroamericanas surgidas al finalizar los conflictos armados internos y trocadas en organizaciones dedicadas al narcotráfico y toda suerte de delitos que van desde la extorsión, el secuestro, el contrabando hasta el microtráfico y el control de pandillas barriales, barras bravas, las Bacrim como las Maras afectan notablemente la seguridad ciudadana y se constituyen en verdaderas empresas criminales transnacionales.

El término Bacrim, bandas criminales, es un nombre que la Policía asignó a agrupaciones de crimen y narcotráfico, no nuevas, como equivocadamente se ha dicho, sino de vieja data. Tal es el caso de los “Rastrojos”, y otras que han pasado a ser más publicitadas y que corresponden a rezagos y modalidades de delincuencia “organizada”.  Lo nuevo puede ser que desde 2008 se conocieron mejor sus estructuras e integrantes, gracias a la Seguridad Democrática, pues antes las autoridades apenas reconocían a algunos de sus cabecillas

Las Bacrim sucedieron a los antiguos cárteles de la droga de la segunda mitad del siglo pasado, desarticulados por la acción internacional contra el narcotráfico, fueron conformados inicialmente por los mandos medios y las bases delincuenciales de esos cárteles, a ellos se unirían desmovilizados y antiguos componentes de las autodefensas ilegales y de las guerrillas de las Farc y Eln, sin embargo estos fueron apenas el 11% de miembros de las distintas bandas.

Lastimosamente el análisis de la realidad de las Bacrim se ha visto entorpecido por motivaciones ideológicas que pretenden señalar que éstas son continuidad del “paramilitarismo” y así justificar la acción de las narcoguerrillas, cuando son precisamente las Farc y Eln quienes desde los años 80 han operado conjuntamente con las Bacrim el criminal negocio del narcotráfico y las Bacrim realizan acciones terroristas contra comunidades indígenas y rurales para las Farc especialmente.

Organismos internacionales como la OEA han expresado que el proceso de reincorporación social y legal de los miembros de las AUC fue exitoso porque la reincidencia en el delito alcanzó el 7%, muy inferior al 10%, que es común en estos casos como se registra en el caso de Las Maras centroamericanas. Sin embargo se ha querido estigmatizar social y mediáticamente a los desmovilizados de las autodefensas ilegales para fundamentar el ataque político y jurídico contra el Estado social de derecho y especialmente contra su institución castrense.

Hay un hecho cierto que desmiente cualquier vínculo de las Bacrim con las desaparecidas AUC, las primeras no tienen ninguna motivación política en su accionar como lo prueba la inexistencia de confrontaciones armadas entre sus miembros y las narcoguerrillas fuera de los aislados enfrentamientos por el manejo de cargamentos ilícitos o rutas como se ha registrado en el Chocó y Antioquia; las Farc y Eln trabajan zonalmente con “rastrojos” y “urabeños” que son las bandas más representativas y operan las llamadas “oficinas” que adoptan distintos nombres o apelativos, uno de ellos es de las “águilas negras” encargados de la extorsión y utilizados sistemáticamente para explotar mediáticamente presuntas amenazas contra sectores de izquierda, sin que se haya probado plenamente que las mismas son reales y buscan desestabilizar algún proceso político democrático.

Ahora, desde el poder judicial se han impuesto barreras para que el Estado pueda combatir eficaz y eficientemente a las Bacrim, hasta hoy sólo puede dársele a estas organizaciones un tratamiento policial estando vedadas operaciones militares contra sus estructuras aduciendo razones de DD.HH y DIH, situación que resulta ventajosa para la consolidación regional de estas bandas delincuenciales, de tal manera que no deja de ser propaganda perversa de la izquierda y las narcoguerrillas hablar de connivencia de las instituciones militares con las Bacrim para explicar su fortalecimiento.

Hay por el contrario toda una estrategia conjunta de las Farc, Eln y Bacrim aprovechando los diálogos de La Habana.  Entre las preocupaciones que tienen las Farc está el cuidar su dominio y presencia en las fronteras con Venezuela, Ecuador y Brasil, zonas que son sus principales corredores de movilidad. Sin embargo, hay un especial intención en la frontera con Venezuela, porque Timochenko tiene en sus planes el establecer entre Norte de Santander y Arauca la zona de desarrollo de posibles acuerdos surgidos del diálogo de paz. “Es por esto que necesitan espacio y tiempo para preparar a las poblaciones de la región. El objetivo es ubicar dos campamentos: uno militar y otro político” que se consolidarían con el argumento de una policía rural conformada por las Farc y las zonas de reserva campesina autónomas como presuntos laboratorios de paz.

Todo el plan militar recae sobre tres comandantes: alias Joaquín Gómez, alias Pablo Catatumbo –hoy en Cuba-, y alias El Paisa. En la estrategia no está el desgastar las estructuras terroristas que están en zona rural, sino concentrarse en los cascos urbanos con sus milicianos. En esta oportunidad, gran parte de sus acciones las están adelantando pequeños grupos de muchachos que ya están entrenados en el manejo de explosivos, pero que en las zonas donde operan no generan sospechas. Una orden particular es que ninguno de los ataques puede ser cerca de los campamentos o las zonas donde hay importantes jefes guerrilleros. Para todo esto, su epicentro móvil de operaciones está en el departamento del Cauca.

Como parte de esa estrategia se desarrollan las alianzas con las Bacrim. Las negociaciones se están haciendo entre mandos medios. Para las autoridades es claro que sin esa alianza y la autorización de la banda criminal el grupo guerrillero nunca hubiera entrado a Tumaco (Nariño). Es tal la cercanía de las Farc con estas organizaciones, que están recibiendo plata de Víctor Patiño Fómeque. Esta alianza no es por acuerdos ideológicos, sino por necesidades logísticas, el tráfico de armas y la droga.

Para las Farc esta alianza es fundamental en el suroccidente del país. Nariño tiene una particularidad: es el sitio donde se concentra la principal alianza entre las Farc y las Bacrim, especialmente las que manejan ‘Los Rastrojos’ y las que maneja Víctor Patiño. El poder de las bandas criminales llega a tal punto que hay zonas donde han sometido a la guerrilla. En Nariño es trabajar en llave o irse a la guerra. La decisión fue aliarse. Esta alianza preocupa enormemente a las autoridades, porque tienen claro que sería un ejército difícil de combatir. Incluso, se aventuran a decir que en un eventual proceso de paz entre el Gobierno y las Farc, podría pasar lo de Santa Fe de Ralito: jefes de grupos narcotraficantes sentados en la mesa de negociaciones, lo que se aprecia de plano en las propuestas de las Farc en La Habana sobre el asunto del narcotráfico.

Resulta vital para el Estado que en La Habana y una ulterior refrendación de lo que allí pueda acordarse, el afán de la paz no conduzca al establecimiento de un poder narcoterrorista que amenace la integridad de la sociedad y las instituciones democráticas.

 
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Publicado por en marzo 26, 2014 en Opinión Pública

 

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