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DISCUCIONES BIZANTINAS E INNECESARIAS

22 Abr

DISCUCIONES BIZANTINAS E INNECESARIASLa muerte del periodista y escritor Gabriel García Márquez, premio Nobel de Literatura 1982, ha generado otra de tantas discusiones bizantinas e innecesarias en el país como producto del sobredimensionamiento mediático del hecho.

No cabe duda alguna que García Márquez ocupa un sitial de honor en las letras del mundo, especialmente en el mundo de habla hispana; que además del Premio Nobel fue ganador de otras importantes distinciones como el Premio Rómulo Gallegos, el Premio Internacional de Literatura Neustadt y otros, que es reconocido universalmente por su aporte a la corriente literaria llamada “realismo mágico” considerada como la respuesta latinoamericana a la literatura de mediados del siglo XX, que se caracteriza por la narración de hechos insólitos, fantásticos e irracionales en un contexto realista.

Valga la pena aclara que el término realismo mágico inicialmente fue acuñado en 1925 por el crítico de arte e historiador alemán Franz Roh en su libro Nach Expressionismus: Magischer Realismus: Probleme der neusten europäischen Malerei (Postexpresionismo: los problemas de la nueva pintura europea) para describir un movimiento pictórico que incorpora aspectos mágicos a la realidad y trasladado por sectores literarios hispanos y latinoamericanos para describir algunos textos de la narrativa latinoamericana especialmente.

Es necesario entonces recordar que el momento de mayor auge de la literatura latinoamericana surge mediante el denominado Boom y que corresponde con la denominada literatura real-maravillosa. José Donoso da una clara explicación del fenómeno en su obra autobiográfica Historia personal del Boom. Entre sus escritores fundamentales se encuentran además  Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Quiroga, Puig, Onetti, Pablo Neruda, Lemebel, César Vallejo, Ciro Alegría, José Carlos Mariátegui, Mario Vargas Llosa, Alfredo Bryce Echenique, José Vasconcelos, Alejo Carpentier, José Lezama Lima, Arenas, Fernando Vallejo, Augusto Roa Bastos y Asturias, por lo que es una evidente exageración atribuir tal paternidad exclusivamente a García Márquez.

Ahora bien, el debate sobre García Márquez no es nuevo, ni nació a partir de su fallecimiento. Mucha gente opina, que lo que hace famoso a García Márquez no es sólo su genio como escritor, sino su habilidad de usar este talento para compartir sus ideológicas políticas. Un ejemplo de su participación política es su amistad con el líder cubano Fidel Castro, una relación que ha causado mucha discusión en el mundo literario y político (PERSONAJES, 1996)

Por eso resulta insulso retrotraer la discusión porque una senadora colombiana hizo una referencia desafortunada al destino del alma de García Márquez, referencia inmediatamente aprovechada por detractores de su movimiento político para proponer incluso que no se le permita la posesión el próximo 20 de julio, allí subyace esa naturaleza demagógica y atávica de algunos políticos colombianos que no tienen otra forma de presentarse sino es a través del escándalo mediático y coyuntural.

García Márquez aunque nunca militó en un partido político definido, si fue un defensor del ideario comunista desde el mundo de las letras hasta el punto de haber donado el Premio Rómulo Gallegos al Movimiento MAS de Venezuela que dirigía entonces el ex guerrillero Teodoro Petkoff, nunca ocultó sus simpatías por la lucha armada especialmente por las Farc y el M19, hasta el punto que para rehuir a una investigación penal  por su presunta colaboración con éste último optó por autoexiliarse en México hace 33 años.

Señalar las preferencias políticas de Gabriel García Márquez se ha convertido en algo así como una herejía condenable a la hoguera por sus repentinos y furiosos admiradores, especialmente por los oportunistas politiqueros, que de pronto se convierten en los “gabólogos” más expertos del mundo aunque de pronto nunca leyeron ninguna de sus obras, pero que ven en la discusión planteada un escenario para el discurso vano y pendenciero.

Qué dirían entonces los espontáneos adoradores del escritor magdalenense, del también escritor Fernando Vallejo, también autoexiliado en México, quien sin ninguna compasión ha dicho que García Márquez sólo era un cortesano del tirano de Cuba que no pasa de ser un escritor correcto que conoce en cierta forma el oficio (GONZALEZ TORO, 2008), describiendo a García Márquez en términos mucho más descalificadores que los utilizados en la discusión actual.

Dicha discusión bizantina e innecesaria sólo prueba una vez más que los colombianos somos apasionados coyunturales que respondemos movidos por el instinto básico a las situaciones planteadas y sin mayor razonamiento, llegando incluso a la más cruda violencia aún para defender una idea que no comprendemos.

 
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Publicado por en abril 22, 2014 en Opinión Pública

 

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