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LA ÚLTIMA OPORTUNIDAD PARA LA NARCOGUERRILLA

23 Abr

LA ÚLTIMA OPORTUNIDAD PARA LA NARCOGUERRILLADiversos analistas del mundo entero coinciden en señalar que la oportunidad para una salida digna del conflicto para las narcoguerrillas es aprovechar el diálogo que se adelanta en La Habana desde ya hace más de un año;  El grupo armado no sólo enfrenta su última ventana de oportunidad para encontrar una salida negociada de la violencia, sino que además tiene el tiempo en su contra. Cuanto más dilate el proceso para alcanzar un acuerdo de desmovilización, mayor será su proceso de debilitamiento militar y, por lo tanto, menores las concesiones que podrá demandar en el curso de las conversaciones”. Esta es una las conclusiones del informe “Contraterrorismo: la victoria silenciosa del Estado” (ELESPECTADOR, 2014)

Desde esa óptica en el actual proceso las Farc no pueden desarrollar la vieja tesis comunista de dilatar los procesos, hablar y hablar sin llegar a ningún acuerdo para debilitar al enemigo, porque la realidad fáctica supera indudablemente su real condición como amenaza para el Estado; debilitadas al máximo por la ofensiva militar del Estado desplegada desde 2003, las Farc se reducen al terrorismo como instrumento armado para proteger intereses narcotraficantes, de minería ilegal y otras conductas punibles no relacionadas de ninguna manera con una tesis política o un modelo de estado marxista-leninista como lo proponían hasta los años 80 del siglo pasado.

Indudablemente la ofensiva militar del Estado desbarató las estructuras y jerarquías de la narcoguerrilla, lo que propició que muchos frentes se convirtieran en organizaciones aisladas y desaparecieran o cambiaran la naturaleza criminal de sus acciones para aliarse con las bandas criminales comunes en un afán por mantener una imagen de fortaleza; eso obligó a que las Farc comenzaran a dar protagonismo en la ejecución de sus acciones a las redes de colaboradores clandestinos que tradicionalmente habían desarrollado labores de apoyo como la recolección de información o el suministro de apoyo logístico (…). La decisión de convertir estas estructuras en la punta de lanza de su campaña terrorista tuvo que ver con que eran menos vulnerables al accionar de las tropas, dado que ocultaban sus vínculos con la guerrilla bajo una apariencia civil” (EL ESPECTADOR, Et.al)

Las tareas terroristas representan para las Farc victorias mediáticas pero no tienen ningún peso en la guerra que adelantan contra el Estado, por el contrario les han restado apoyo político y la posibilidad de encontrarlo entre la población; las regiones recuperadas por el Ejército Nacional del dominio terrorista son un ejemplo palpable de ello, la población agradece la presencia del Ejército y denuncia las exacciones de los bandidos, lo que desmitifica la imagen propagandística que habían mantenido.

No pueden jugar tampoco a una polarización de la opinión pública sobre el proceso de paz pues cada vez se demuestra que crece el rechazo a las concesiones amplias que en materia política ha ofrecido el gobierno, precisamente por la insistencia de las Farc en sostener la acción terrorista contra la Fuerza Pública y la población civil que habita sectores vulnerables. Dilatar el proceso para tratar de alcanzar mayores prebendas es una táctica errada que sólo puede obedecer a “una percepción fuertemente distorsionada de la situación en que se encuentran sus organizaciones como consecuencia de sus sesgos ideológicos y el modo sistemático en que sus subordinados les mienten para enmascarar el desastre y su responsabilidad en el mismo” (EL ESPECTADOR, Et.al)

Tanto el gobierno como las Farc deben tener muy en cuenta que hay grandes contradicciones en la opinión pública frente al proceso de negociaciones entre el gobierno y las FARC. Aunque hay un apoyo mayoritario a la salida negociada del conflicto, los colombianos no están dispuestos a cederle muchas cosas a la guerrilla y esas contradicciones se harán más profundas en la medida que el mismo se dilate o sea poco transparente frente a los ciudadanos. En mediciones de opinión los porcentajes se han mantenido estables en los últimos 6 meses,  un 63% de los colombianos está en desacuerdo con ese proceso y un 74% no cree que la narcoguerrilla tenga una verdadera voluntad de paz (DATEXCO, 2013)

Tampoco pueden equivocarse gobierno y narcoguerrillas en suponer un apoyo real con base en los resultados electorales del pasado mes de mayo, la victoria de los partidos que conforman la Unidad Nacional que apoya irrestrictamente el proceso obedecieron a circunstancias e intereses distintos al mismo que no necesariamente concurren ahora en respaldo a la posible reelección presidencial; un revés en las aspiraciones del candidato-presidente tendría duras consecuencias con relación a los diálogos de La Habana, aun cuando el candidato ganador fuere alguno de los que dicen respaldarlo con reservas, la izquierda no tiene ninguna opción real de alcanzar el poder.

Recuperar alguna credibilidad para aprovechar esta su última oportunidad, exige de las Farc un cese inmediato de las acciones terroristas y de la comisión de todo delito que aliente la violencia como es el narcotráfico, la minería ilegal, el secuestro y la extorsión, así como la inmediata liberación de los cerca de 3.000 secuestrados-desaparecidos, 946 de ellos soldados y policías, y de los niños y adolescentes reclutados de manera forzada, sólo eso podría ser considerado un verdadero gesto de voluntad de cese del conflicto.

 
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Publicado por en abril 23, 2014 en Opinión Pública

 

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