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50 AÑOS DE BARBARIE IRRACIONAL

17 May

BARBARIE IRRACIONALEn mayo de 1964, las autodefensas campesinas creadas por el Partido Comunista Colombiano a partir de pequeños grupos de las guerrillas liberales que no aceptaron las amnistías e indultos ofrecidos por los gobiernos nacionales al finalizar la etapa de la última violencia liberal-conservadora (1946-1956), se autoproclamaron Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Farc EP. Sus componentes eran remanentes de grupos de bandoleros de Quindío, Tolima y Valle principalmente, que luego se unirían a los que habían sentado sus reales en la región de Viotá y el Sumapaz en Cundinamarca.

Como cabecillas de esta nueva organización emergerían Pedro Antonio Marín, que adoptaría entre otros los alias de Manuel Marulanda Vélez o Tirofijo, y el comisario político del Partido Comunista Luis Alberto Morantes Jaimes, conocido con el alias de Jacobo Arenas. El primero un antiguo empleado oficial del municipio de Génova, Quindío, prófugo de la justicia por el asesinato de un inspector de obras públicas en un acto de delincuencia común.

La época era propicia para el surgimiento de esta cuadrilla bandoleril. No todos los resentimientos de la anterior guerra política fueron curados con las amnistías e indultos, muchos de los antiguos guerrilleros liberales temían volver a reincorporarse a la vida normal, algunos otros preferían el modo de vida violento al que implicaba el trabajo honesto. Estos eran los individuos que el comunismo requería para realizar su sueño de expandir la revolución socialista en lo que llamaban el “patio trasero del imperialismo norteamericano”, como parte de la estrategia expansionista de la antigua URSS en desarrollo de la guerra fría surgida al finalizar la II Guerra Mundial entre las democracias liberales de occidente y el poder emergente y totalitario comunista que quería ocupar el terreno arrebatado al totalitarismos nacional-socialista alemán y al fascismo italiano y los países del entonces llamado “tercer mundo”.

De tal manera que si de aproximarnos a la verdad se trata para consolidar el incipiente proceso de paz que adelanta el gobierno nacional con la organización narcoterrorista, lo primero que se requeriría sería desmitificar el origen de las Farc; no eran ningunos campesinos alzados en armas como respuesta a la agresión del Estado y que reclamaban soluciones a sus problemas de tierras, pobreza y exclusión. Las Farc surgieron como parte de la llamada “combinación de las formas de lucha” que el PCC introdujo por órdenes de Moscú para la toma del poder del Estado y la imposición de la “dictadura del proletariado”.

Mientras tal verdad no sea aceptada cruda y real como es, la sociedad colombiana podrá estar dando vueltas en busca de los “verdaderos responsables de la violencia” como maniqueamente sostienen los cabecillas narcoterroristas desde La Habana. No tales condiciones objetivas que permitieran el surgimiento de la insurrección armada como única respuesta desesperada de la población ante un gobierno autárquico como los apologistas de las Farc y sus idiotas útiles han sostenido en una historia manipulada a conveniencia y mediante abuso de las libertades democráticas.

La gran primera mentira sobre la que se basa la fábula de las Farc es que su surgimiento está vinculado a los sucesos del 9 de abril de 1948 y la muerte del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán Cortés. El Partido Comunista Colombiano fue enemigo acérrimo de Gaitán, veían en la Unión Nacional Izquierdista Revolucionaria UNIR del caudillo, el enemigo mortal de su causa porque les arrebataba las bases obreras que urgían conquistar como parte de su mito vanguardista, tanto así que en las elecciones de 1946 prefirieron apoyar a Gabriel Turbay, permitiendo el ascenso al poder del conservador Ospina Pérez.

Gaitán representaba ese ideario populista que emergía con fuerza en América Latina y que reclamaba estados neutrales en la lucha entre EE.UU y la URSS, fustigando a ambos “imperios” por sus métodos y propuestas, aunque sus tesis llegaren a confundirse en sus propósitos por las entonces esgrimidas por los comunistas criollos a instancias del adoctrinamiento que recibían de Moscú unos y posteriormente de Pekín otros. Gaitán caería asesinado el 9 de abril de 1948 a manos de un antiguo admirador que colapsó ante la reticencia del jefe liberal a recibirlo en su oficina. Raúl Roa será el enigma indescifrable del surgimiento de una etapa de violencia jamás justificada.

Si las Farc, calificadas hoy como organización terrorista por la comunidad internacional y por lo tanto sujeto de las resoluciones de la ONU contra ese flagelo, insisten en disfrazar y ocultar su verdadero origen, no valdrían mil Comisiones de la Verdad que pudieran justificar la barbarie que por más de 50 años le han impuesto al pueblo colombiano.

 
2 comentarios

Publicado por en mayo 17, 2014 en Opinión Pública

 

2 Respuestas a “50 AÑOS DE BARBARIE IRRACIONAL

  1. Ernesminga

    julio 7, 2015 at 11:40 pm

    Bueno odiamos el socialismo tanto como al comunismo, no porque hayan errores a corregir en estas propuestas políticas, solo porque inocentemente nos enseñaron desde muy pequeños que estas tendencias son malas, información tergiversada por los consorcios mediáticos pagados por los estados capitalistas. Por ende los periodistas o escritores hemos caído en el grave error de hacer críticas des-obligantes y generalizadas sobre causas históricas de cualquier evento. La falta de ética de estas profesiones evidencia que la equivocación periodística de hoy radica en que no estamos siendo imparciales, si no tendientes a manipular la información en favor de intereses de terceros, y vendiendo la verdad por la estabilidad laboral.

     
  2. mingametal

    julio 7, 2015 at 11:48 pm

    Bueno odiamos el socialismo tanto como al comunismo, no porque hayan errores a corregir en estas propuestas políticas, solo porque una información tergiversada por consorcios mediáticos pagados por los estados capitalistas inocentemente nos enseñaron desde muy pequeños que estas tendencias son malas. Por ende los periodistas o escritores hemos caído en el grave error de hacer críticas des-obligantes y generalizadas sobre causas históricas de cualquier evento. La falta de ética de estas profesiones evidencia que la equivocación periodística de hoy, que radica en que no estamos siendo imparciales, si no tendientes a manipular la información en favor de intereses de terceros, y vendiendo la verdad por la estabilidad laboral.

     

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