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LAS FARC DEFINEN QUÉ SON VÍCTIMAS PARA ELLAS

24 Jun

LAS FARC DEFINEN QUÉ SON VÍCTIMAS PARA ELLASDe manera pretenciosa la narcoguerrilla pretende ahora definir qué personas pueden ser consideradas víctimas del conflicto y de plano rechazan “indignadas” cualquier otra definición; dicen que “en el galimatías en que quiere meternos la oligarquía y su gran prensa juega papel preponderante las llamadas “víctimas”. Es desde luego una forma de escamotear la responsabilidad estatal en el tema ya que en las “víctimas” se mete todo el mundo. Y así no debe ser la cosa”, para las Farc las únicas “víctimas” que reconocen “son las víctimas de las violaciones de derechos humanos, violaciones adelantadas por el Terrorismo de Estado de la Doctrina de Seguridad Nacional”, como afirman este pasado 22 de junio (ANNCOL-FARC, 2014)

Resultan entonces ingenuos, por decir lo menos, los anuncios sobre el avance que significa para el proceso de La Habana el reconocimiento de las Farc a las víctimas, pues como se desprende de lo publicado en sus páginas electrónicas –ANNCOL-, víctimas distintas a las ocasionadas por las autodefensas ilegales o el Estado no existen en el curso del conflicto colombiano y ellas no van a reconocerlas; en otras palabras, las Farc están diciendo abiertamente que ellas no han causado víctimas.

De allí que las Farc y los organismos y movimientos políticos que hacen apología del narcoterrorismo, asistidos por algunos sectores del mismo Estado, insistan en solo reconocer como víctimas a las derivadas de los llamados “falsos positivos” o de las masacres atribuidas a las AUC, silenciando e invisibilizando los crímenes de guerra y delitos de lesa humanidad cometidos por la organización narcoguerrillera, como si esas acciones nunca hubieren existido o fueren simplemente “actos políticos” como peligrosamente se tienden a calificar por estos días sin ningún recato en los medios de comunicación social.

De esa manera masacres como las de “la Chinita”, las de Bojayá, las cometidas en el Urabá antioqueño, las víctimas de cilindros-bomba, carros-bomba, bicicletas-bomba y hasta burros-bomba en toda la geografía nacional nunca existieron y sólo pueden tenerse como víctimas aún las falsas víctimas de Mapiripán que sirvieron como elemento de condena al señor General Uscátegui por parte de la Corte Suprema de Justicia.

Pero el cinismo de las Farc llega más lejos al declarar que el fenómeno del desplazamiento interno sólo tiene como autores a instituciones como FEDEGAN o la SAC para quienes trabajarían los “paramilitares” y las FF.AA; manipulando las cifras de esta dolorosa realidad pretenden señalar que las víctimas se presentaron con ocasión de la aplicación de la Política de Defensa y Seguridad Democrática, pretendiendo que el narcotráfico y el narcoterrorismo no han sido la causa real en las luchas intestinas o las acciones criminales que las Farc, Eln y sus asociadas Bacrim han generado para obtener el control de regiones donde se cultivan plantas ilícitas, tienen laboratorios de procesamiento de alcaloides y rutas de comercialización de coca y marihuana, como al parecer ya han reconocido parcialmente en La Habana.

También pretenden que se ignore la realidad de los niños, niñas y adolescentes reclutados por las organizaciones narcoterroristas; los cientos de mujeres agredidas sexualmente, obligadas a abortar en condiciones inhumanas; los niños, niñas, adolescentes y mujeres reclutadas forzadamente para servir de objetos sexuales de los cabecillas de las diferentes estructuras criminales. Esas no son víctimas para las Farc y esperan que la sociedad así lo acepte, máxime serán efectos colaterales del delito de rebelión que es el único que reconocen haber cometido.

Tampoco son víctimas los miles de colombianos de colombianos afectados por las minas antipersonal, los tatucos y cilindros-bomba, o los obligados a pagarles por estos artefactos cuando son accionados accidentalmente por alguno de sus familiares en su trabajo agrario o al desplazarse a una escuela. Debe recordarse que esta práctica criminal prohibida por el Derecho Internacional Humanitario fue incentivada por el abatido Alfonso Cano en su plan “Renacer” como medio para retardar la acción militar en contra de las narcoguerrillas.

Por eso resulta inquietante y sorprendente la actitud del mismo gobierno nacional al no reconocer y avalar las organizaciones de ciudadanos que se reclaman como víctimas de las Farc; no puede olvidarse que el gobierno negó la participación a un grupo de madres de secuestrados-desaparecidos por esa narcoguerrilla que pretendían ir a La Habana a reclamarle a los cabecillas criminales por la suerte de sus familiares, amén de una campaña de descrédito mediático lanzada contra algunos dirigentes de organizaciones que representan a las víctimas de las Farc, tildándolos de neonazis, fascistas, extrema derecha y otros epítetos denigrantes.

La sociedad colombiana tiene que exigir que las víctimas de las Farc también sean escuchadas y sean objeto de verdad, justicia y reparación y no solamente aquellas víctimas que dicen representan organizaciones ideológicamente afines a las Farc y Eln como el Movice, el Colectivo Alvear Restrepo, la llamada Comisión Intereclesial Justicia y Paz y otras de la misma catadura. Con respecto a las víctimas no puede ser válida la tesis que sirvió para la reelección de que a las narcoguerrillas no se les pueden hacer exigencias o poner condiciones porque entorpecería el proceso de paz. Sin verdadera justicia la paz no será posible.

 
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Publicado por en junio 24, 2014 en Opinión Pública

 

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