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EXISTE UNA TERCERA VÍA PARA COLOMBIA

02 Jul

EXISTE UNA TERCERA VÍA PARA COLOMBIACon gran difusión se celebra en Cartagena el relanzamiento de la tesis de la “Tercera vía”, presentado en el país inicialmente en la década de los 90 por el actual presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, y el entonces Primer Ministro inglés Tony Blair. Se presenta como la panacea frente al debate de más de un siglo entre el socialismo marxista y sus distintas vertientes y el modelo de estado de las democracias liberales. “Los conceptos de izquierda y derecho son obsoletos” señala Santos Calderón al inicio del evento.

Aunque son numerosos los ejemplos contemporáneos de líderes y movimientos políticos que han declarado su afinidad con una “tercera vía” distinta a los paradigmas económicos y políticos dominantes, el concepto entró en boga con el fin de la Guerra Fría, la disolución de la Unión Soviética y la aceleración de la globalización, y fue popularizado por los “nuevos demócratas” y el “nuevo laborismo”, liderados por Clinton en Estados Unidos y Blair en Inglaterra, respectivamente. En estos y otros países, tanto europeos como no europeos, resultaba políticamente atractiva una fórmula “intermedia” que reconciliara valores sociales progresistas con elementos extraídos del conservadurismo, entre ellos la economía de mercado y el individualismo (TICKNER, 2014)

La Tercera Vía tiene como premisa que debe haber “tanto mercado como sea posible y tanto Estado como sea necesario”. Sin embargo, hace apenas seis años una crisis financiera global dejó al descubierto lo que pasa cuando la regla es privatizar y desregularizar. Sin duda, el presidente Santos es un ferviente seguidor del sociólogo inglés Anthony Giddens, cuyo discurso sobre esta tesis resultaba novedoso y hasta convincente durante la década de los noventa. Ante el fracaso del comunismo y la consiguiente crisis del neoliberalismo, parecía cada vez más urgente la idea de ubicarse en un centro político y arriar desde allí las banderas de la democracia y el crecimiento económico. A la vuelta de unos años se hizo evidente que, si bien esa postura de centro le hacía el quite a la polarización imperante durante la Guerra Fría, no respondía a plenitud a muchas de las inquietudes que emergieron en el contexto internacional tras la superación de la bipolaridad (ELESPECTADOR, 2014)

No deja de ser paradójico que sea el mismo Giddens quien cuestiona el rumbo que tomó su propuesta; tras evaluar la apropiación de la «tercera vía» por parte de Clinton y Blair –dos de las estrellas del evento en Cartagena-,  Giddens destaca las críticas que otros les hacen en el sentido de asemejar sus gobiernos a un «neoliberalismo recalentado», y parece tomar distancia de esas figuras políticas reconocidas como encarnaciones de la tercera vía. Entonces remarca su propósito de analizar dónde se encuentra el debate sobre el futuro de la socialdemocracia. En ese sentido afirma: “…la «tercera vía» se refiere a un marco de pensamiento y política práctica que busca adaptar la socialdemocracia a un mundo que ha cambiado esencialmente a lo largo de las dos o tres últimas décadas. Es una tercera vía en cuanto que es un intento por trascender tanto la socialdemocracia a la antigua como el neoliberalismo” (Giddens, 1998: p.38).

Como lo señala Giddens, su propuesta pretenda ser la «carne teórica» para el «esqueleto del quehacer político» de los gobiernos que dicen representar a la izquierda (Giddens, 1998: p.12). Pero que los críticos de la tercera vía no se confundan: la propuesta de Giddens no es una mero «barniz ideológico» destinado a cubrir las grietas provocadas por el giro político que en los países centrales ha procesado la izquierda moderada en su tránsito desde la defensa del Estado de Bienestar hacia la aceptación del neoliberalismo. Ni Blair, ni Schroeder ni Clinton siguieron al pie de la letra lo que diseñó el sociólogo en su opúsculo, ni este pretendió identificarse completamente con lo que ellos hicieron o hacen. Mientras aquellos no dejaron de ceder terreno ante el empuje de la globalización neoliberal. El autor se afirma efectivamente en una propuesta «tercerista»: quiere hacer una síntesis entre el anquilosado pensamiento de la socialdemocracia clásica y el renovado conservadurismo de la derecha neoliberal. Así promueve una verdadera revolución semántica, tan provocativa en su logos reflexivo como inocua para cualquier praxis real. A medida que consideremos las virtudes y falencias de la tercera vía esperamos que quede más clara esta afirmación (VENTURA, 2009)

Como virtud de la «tercera vía» puede señalarse el que introduce tópicos que, en general, la izquierda subestima por considerarlos «problemas privados”, no pasibles de propuestas políticas. Así sucede con la cuestión del «individualismo» (Giddens, 1998: p.46 y ss.), a la que anexa el tema de cómo encontrar «un nuevo equilibrio entre responsabilidades individuales y colectivas» (Giddens, 1998: p.50 y p.81). Del mismo modo sucede cuando discute los procedimientos para la «promoción de una sociedad civil activa» (Giddens, 1998: p.95), buscando una articulación plausible entre «el estado y la sociedad civil» (Giddens, 1998: Capítulo 3; p.85 y ss.). Otro tanto surge cuando, planteándose explícitamente la necesidad de instrumentar una estrategia de política familiar, se pregunta «qué estado ideal de la familia deberíamos esforzarnos por alcanzar» y delinea lo que entiende debería ser la promoción de una «familia democrática» (Giddens 1998: p.107 y ss.). En esa misma dirección —la de plantear temas de difícil asimilación por parte de la izquierda- podemos considerar sus cuestionamientos sobre la benignidad de la «identidad nacional de los individuos» puesta en relación con los problemas del «pluralismo étnico y cultural», problemas característicos de las sociedades posmodernas (Giddens, 1998: p.156 y ss.).

La pregunta a hacerse es si se puede extrapolar una tesis pensada para las sociedades europeas principalmente o del mundo industrializado, donde el sistema político sigue los parámetros de la socialdemocracia o centro izquierda para aplicarlas directamente a una sociedad como la colombiana que nada tiene de parecido en el desarrollo social, político o económico a esas naciones y donde existe un recelo natural a los modelos políticos de izquierda como ha quedado demostrado en su historia. El gobierno Santos no fue reelegido por presentar una propuesta política de izquierda, sino por agitar la bandera de la paz como objetivo y en la confianza de los colombianos expresada en las urnas no hay una carta blanca o una aprobación tácita a un cambio del modelo de la democracia liberal imperante.

 
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Publicado por en julio 2, 2014 en Opinión Pública

 

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