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FALTA DE LIDERAZGO Y DECISIÓN EN OCCIDENTE CONDUCE A CRISIS

24 Jul

FALTA DE LIDERAZGO Y DECISIÓN EN OCCIDENTE CONDUCE A CRISISEs evidente que occidente atraviesa por una crisis que tiende a complicarse por la falta de liderazgo y decisión por parte de las potencias representativas como son los EE.UU y la Unión Europea, frente a la amenaza que representa el creciente expansionismo del neoimperialismo ruso, la escalada del terrorismo islámico y la consolidación del crimen transnacional, que apuntan en su conjunto a destruir el modelo de la democracia liberal vigente.

No es exagerado hablar de un escenario de una nueva “guerra fría” entre occidente y la potencia euroasiática, que involucra también los intereses económicos y políticos de la China comunista, Corea del Norte y los países del medio oriente, guerra que tiene sus campos de batalla, como en la primera mitad del siglo pasado, en los países de África, Asia y América Latina.

Con un nuevo paradigma, Rusia y China cuentan ahora con gobiernos aliados mediante acuerdos económicos, políticos y militares en esos países, especialmente en América Latina que antes fuera la retaguardia de la democracia liberal y donde ahora pulula el populismo socialista que se fundamenta en la explotación de los resentimientos y prevenciones ante los EE.UU y la misma UE.

Sería inimaginable hace unos años y recordando la crisis de los cohetes en Cuba (1962), que Rusia establezca bases militares en Nicaragua con el concurso de Cuba misma, Venezuela y los países de la ALBA, con el pretexto de ser parte de una estrategia antinarcóticos; posibilidad real según las informaciones disponibles pero que no ha sido denunciada por los mismos EE.UU o por países que se verían afectados en sus intereses territoriales y de soberanía como la misma Colombia.

Es inconcebible como después de una guerra costosa, en vidas y recursos económicos, como la de Irak, emprendida por los EE.UU con el apoyo de la ONU, no represente hoy un estado de seguridad para el medio oriente y por el contrario sea un centro de gravedad de la amenaza de la expansión del yihadismo al que pertenecen organizaciones como Al Qaeda, Hamas, Hezbollah y otros envueltos en la actual crisis de esa región. Hoy Irak está más dividida que antes, chiitas y sunníes desconfían y se agreden, los fundamentalistas del corte Talibán han proclamado un “Califato Islámico” que mediante prácticas terroristas buscan el exterminio de musulmanes moderados, cristianos de todas las iglesias, y a cualquier expresión contraria a sus dogmas para imponer otro estado teocrática a semejanza del iraní.

El grupo fundamentalista islámico  Boko Haram no solo reta al gobierno de Nigeria sino a todo el mundo occidental; el secuestro masivo de niñas para evitar que reciban educación distinta a la musulmana, el desplazamiento de más de 15 mil personas y los asesinatos de cristianos y musulmanes moderados, son el pan de cada día ante la impasibilidad de la ONU que no pasa del discurso retórico de condena.

Israel se está quedando sola ante la arremetida terrorista musulmana en Gaza, a fuerza de una guerra propagandística potencializada en las redes sociales, Hamas y los yihadistas no sólo anularon la Autoridad Nacional Palestina sino que concitan hoy un respaldo a partir de presentarse como mártires y víctimas mientras a diario lanzan cerca de 100 cohetes contra suelo israelí, utilizando a la población civil como escudo a fin de evitar o deslegitimar la reacción de las Fuerzas de Defensa de Israel que terminan siendo presentadas como las agresoras. Incluso hoy la ONU habla de delitos de lesa humanidad cuando se refiere a los bombardeos de Israel a posiciones terroristas en Gaza, mientras se limita a llamar a los palestinos a cesar su ofensiva.

El incidente del avión comercial malayo derribado sobre cielos ucranianos tiende a banalizarse; occidente amenaza a Rusia, que apoya política y militarmente a los terroristas prorrusos en Ucrania, con endurecer unas sanciones económicas ya impuestas, pero no hay una condena cierta en la ONU sino que todo se diluye en las interminables discusiones del Consejo de Seguridad de este organismo plagadas de mutuas acusaciones entre Moscú y sus aliados por una parte y el gobierno de Kiev por otra.

EE.UU aquejada por el coletazo de la crisis económica provocada por la inescrupulosa acción de grupos financieros a finales del siglo pasado, ha tratado de cerrarse nuevamente a la realidad externa como lo hiciera antes del ataque japonés a Pearl Harbor (1941); el gobierno Obama actúa como si los sucesos en el mundo nada tuvieran que ver con ellos, negándose a ver que esas amenazas mundiales actúan de consuno contra los EE.UU como referente de la democracia liberal y del mundo occidental.

A partir de los sucesos de Egipto y la toma del poder por los militares, EE.UU apostaba por el régimen de Mohamed Morsi, esta nación perdió un importante liderazgo mundial al optar como política el apaciguamiento frente al terrorismo. Barack Obama apostó por los islamistas radicales, coqueteaba con ellos y fue un grave error.

No solo en Egipto, sino en todo Oriente Medio, la aceptación pública de EE.UU. empeoró incluso en comparación con los meses finales de la época de George W. Bush. Antes del golpe de Estado en El Cairo el presidente sirio, Bashar al Assad, era considerado como el último líder nacionalista árabe que hacía frente a los islamistas y combatía por los valores cívicos, pero el péndulo se inclinó hacia otro lado. Y el propio líder sirio celebró el cambio de poder en Egipto, que percibió como el “derrumbe de la idea de un islam político”.
Los acontecimientos en Siria sirvieron como un “momento de rotación” en el liderazgo mundial de EE.UU. Obama estaba a punto de envolverse en una aventura militar en Oriente Medio apoyando la causa del islamismo radical. En el último instante se plegó a la iniciativa del presidente ruso, Vladímir Putin, sobre el desmantelamiento del arsenal químico de Damasco. Ese repentino cambio de actitud dejó a Obama en el papel de un personaje a la deriva ante la opinión pública mundial; el presidente estadounidense ha tratado de desquitarse retóricamente de Putin agotando el resto de su segundo mandato, pero el ruso ha podido fácilmente ganarle el juego y lograr ser el protagonista principal en los asuntos internacionales (RTACTUALIDAD, 2014), como se aprecia en la vacilación mundial para condenar el ataque cobarde al avión malayo o los sucesos de Gaza.

Habría que preguntarse entonces si estos son síntomas de una “crisis cíclica” de la democracia liberal o de la sociedad capitalista, como señalaba Marx, que debe ser respondida de manera urgente con el fortalecimiento de las sociedades occidentales que deben contemplar con seriedad la amenaza que se cierne ya como una realidad frente a su modo de vida ante el retorno de los imperios oscurantistas del medioevo, unos pocos señores que dominan el imperio o el califato, rodeados de unas mafias criminales que sostienen su poder mediante el terrorismo privando al ser humano de su individualidad (masificación), para sostener el poder.

 
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Publicado por en julio 24, 2014 en Opinión Pública

 

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