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HACIA UNA PAZ ENDEBLE Y FICTICIA

29 Sep

HACIA UNA PAZ ENDEBLE Y FICTICIANingún sector de la opinión pública imagina o pide que absolutamente todos los componentes de la organización narcoterrorista Farc o del Eln sean llevados a juicio, de tal manera que es absurda explicación no pedida sobre la necesidad de 100 años para juzgarlos a todos para justificar que tampoco sean llevados a juicio y condenados los cabecillas responsables de delitos de lesa humanidad y crímenes de guerra, para quienes se pide además reconocimiento pleno de todos los derechos cívicos y políticos que acompañan al ciudadano honesto que no ha transgredido la ley para tomarse el poder.

Es cierto, como manifestó el Procurador Ordoñez, que Colombia debe estar dispuesta a ciertos sacrificios de la justicia, relativos al juzgamiento de los alzados en armas, el Procurador admitió que “la sociedad y el Estado deben estar dispuestos a una dosis de impunidad” y reconoció que se puede pensar en un sistema que privilegie el juzgamiento de los guerrilleros de base y algunos comandantes de estructuras criminales no involucrados en delitos tipificados en el DIH y que algunos guerrilleros podrían acceder a beneficios como reducción de la pena y lugares de reclusión diferentes a la cárcel, cuando los delitos cometidos sean realmente conexos al de rebelión.

Pero en manera alguna puede considerarse que las conductas violatorias del DIH, las relacionadas con narcotráfico, minería ilegal, trata de personas, sean de repente tenidas como conexas a la rebelión cuando no existe ninguna relación de causalidad en la naturaleza criminal de ellas. No sería responsable con los derechos de las víctimas y de una sociedad que ha tenido que padecer más de 50 años de depredación porque a alguien se le ocurrió que sería lo políticamente correcto, se violaría el principio fundamental de la dignidad humana como basamento del Estado social de derecho.

Es cierto que, como sostiene el Fiscal, la privación de la libertad no es la única manera de reaccionar frente a los delitos cometidos por los alzados en armas y explicó que el derecho penal debe sopesar el contexto social con el fin último de lograr la paz, pero esto es aplicable únicamente a los responsables de delitos de rebelión y conexos a él, no a quienes violaron sistemáticamente el DIH para sembrar el terror y obtener ganancias económicas o políticas. Los cabecillas de las Farc deben pagar condenas al menos iguales a las aplicadas a cabecillas de las AUC por conductas similares, lo contrario es mantener a conciencia las heridas abiertas en la sociedad por la comisión de esos hechos.

Y no basta con pedir de manera ingenua, populista y demagógica que la solución está en la capacidad de perdón de la sociedad, si estamos como ocurre ante una organización criminal que dice no tener nada de qué arrepentirse, ni tiene por qué pedir perdón. No se puede aplicar el perdón por decreto y de manera unilateral para configurar un inexistente sentimiento de paz. Si la narcoguerrilla dice que no se arrepiente, ni tiene que pedir perdón, está diciendo también que está dispuesta a repetir los hechos como efectivamente lo han manifestado Timochenko, Granda y Catatumbo.

El nuevo testamento está lleno de citas que recuerdan a cada instante que para el perdón es necesario el arrepentimiento, tanto que el perdón sólo se otorga a través del sacramento de la penitencia; de tal manera que resulta contradictoria al menos la posición de la Iglesia Católica que llama a perdonar a quienes no lo han pedido, mientras condena acremente a homosexuales, divorciados, a las mujeres que han abortado, negándoles los sacramentos aunque pidan ese perdón. Bueno, la iglesia tiene su historia oscura en las páginas de la violencia narcoterrorista y ese perdón amplio debe verlo también como expiación de sus propias culpas.

Tampoco se llega al perdón, ni se construye la paz, con oportunistas campañas como la de las grandes marcas que mediante el SoyCapaz publicitan sus productos como si aumentar la demanda de los mismos contribuyera en algo a sanar las heridas de más de medio siglo de violencia comunista y narcoterrorista.

La paz no puede construirse si no hay verdad, justicia y reparación, compromiso cierto y honesto de no repetición, entrega de armas y sometimiento al orden constitucional y legal; lo contrario es construir una paz sobre unas bases ficticias y endebles que más temprano que tarde va a sucumbir en mayores y más crueles violencias.

 
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Publicado por en septiembre 29, 2014 en Opinión Pública

 

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