RSS

LA CUESTIÓN DEL VASO MEDIO LLENO O MEDIO VACÍO

10 Oct

LA CUESTIÓN DEL VASO MEDIO LLENO O MEDIO VACÍONingún proceso de negociación en torno a un conflicto es fácil y que las soluciones están a la vuelta de la esquina aun habiéndose identificado los puntos de disenso que le dieron origen, mucho más difícil es entonces la negociación de un conflicto armado de tan larga duración como el colombiano.

Pero hay factores que dificultan más ese proceso y lo hacen incluso peligroso y contrario a los objetivos buscados, como desafortunadamente ya hemos visto en más de 11 ocasiones de intentos fallidos de negociación con los mismos actores violentos que ven en ese proceso una oportunidad no para alcanzar la paz, sino para reorganizarse, fortalecerse y continuar una guerra que a estas alturas ni para ellos mismos tiene significado.

El presidente de la república, Juan Manuel Santos, la paz está a la vuelta de la esquina y nunca había estado tan cerca en otras oportunidades. Su optimismo desbordado se quiere contagiar a toda la sociedad con múltiples campañas mediáticas, con anuncios de encontrar algún gesto de buena voluntad de la contraparte, con avisos a través de terceros que no hablan a nombre del ciudadano sino del Estado porque de alguna manera lo representan de darle el oro y el moro a los integrantes de las organizaciones armadas ilegales incluidos sus cabecillas responsables de crímenes de guerra y delitos de lesa humanidad.

El gobierno nacional y los sectores políticos que lo acompañan dicen complacidos que ya hay acuerdos en 3 puntos de los 5 que componen la agenda de La Habana para el cese del conflicto, eso es ver el vaso medio lleno; los críticos del proceso señalan que son acuerdos parciales y que son más las salvedades pendientes que los acuerdos alcanzados y que esas salvedades constituyen precisamente el fondo de la negociación porque tienen que ver con la estructura social, política, económica y militar del Estado.

Con respecto a la participación política de las Farc en un eventual posconflicto las diferencias estriban en cosas de importancia como el reconocimiento pleno de derechos políticos a responsables de delitos de lesa humanidad y crímenes de guerra, cosa que no es de poca monta porque atañen directamente al reconocimiento nacional de las normas del Derecho Internacional Humanitario. Para ponerlo en contexto, los crímenes de las Farc no pueden tener en ese campo tratamiento distinto al aplicado a los nazis de la Alemania de la II Guerra Mundial que motivaron la prohibición mundial del reconocimiento y ejercicio de esa ideología. Que algunos grupúsculos la invoquen no quiere decir que algún Estado la reconozca y patrocine.

En relación al narcotráfico el anuncio de que las Farc contribuirían a la erradicación del criminal negocio se queda apenas en enunciado, para el vaso medio lleno, porque los borradores de acuerdo difieren las soluciones reales al problema de los narcocultivos y las fases primarias del comercio de estupefacientes; lo único que queda claro es que los cultivadores de marihuana y coca, organizados en comunidades, no serán tratados como delincuentes y tendrán poder decisorio para la toma de medidas preventivas y de erradicación, el Estado renuncia a la capacidad de perseguir los cultivos, especialmente a la aspersión aérea, y sólo cuando se agoten todas las posibilidades de negociación con esas comunidades podrá actuar conforme a la ley.

Pero más allá de los “sapos” que los promotores del proceso anuncian debe tragarse la sociedad para alcanzar el cese del conflicto, es la actitud prepotente y displicente de las Farc la que mina la confianza y hace ver el vaso cada vez más vacío. No hay un reconocimiento real de las víctimas que han causado en 50 años de depredación, apenas si aceptan que incurrieron en “errores lamentables”, cuando no es que las descalifican de plano como sucede con soldados, policías y personajes de la vida política, llegando incluso a burlarse de ellas al señalar que estuvieron secuestradas, o retenidas, porque ellas mismas lo quisieron y que, pese a la evidencia contraria, siempre se les dio buen trato y estuvieron en condiciones dignas.

Esta actitud de reto y desafío no se queda en las víctimas del pasado sino en las que siguen acumulando día a día. Señalando que se negocia en medio del conflicto, lo que es cierto, pretenden justificar el incremento de ataques a la población civil y a sus bienes en abierta violación al DIH porque ni las personas ni sus bienes son blancos legítimas en la guerra. Continuar el reclutamiento de niños, niñas y adolescentes es una práctica criminal que nada tiene que ver con la guerra, ayer nada más se daba a conocer como una de estas estructuras criminales le amputaba una mano a una niña de  13 años como retaliación por haberse fugado de sus filas. Esto nada tiene que ver con el conflicto y es un ejercicio que los aproxima más a las organizaciones mafiosas o terroristas fundamentalistas del medio oriente y África.

El contubernio con las bandas criminales que involucra al 60% de las estructuras de las Farc vinculadas al narcotráfico, para el ejercicio de la criminalidad en El Catatumbo, la Orinoquía, la Amazonía, el Suroccidente, Chocó, Antioquia y amplias regiones de la Costa Atlántica, no puede servir de presagio al buen suceso del proceso e indica que la violencia continuará con otros rótulos o marcas pero con los mismos personajes. Así lo indica el incremento de los índices de delincuencia dedicada a la extorsión, los atentados contra personas y empresas que no ceden a esa pretensión económica, el microtráfico, el manejo de redes de trata de personas y otros que golpean las áreas urbanas y donde operan las llamadas milicias farianas cada vez más identificadas como oficinas de cobro al estilo de la anterior generación de narcotraficantes.

Si este panorama se superpone al caos institucional derivado de pérdida de credibilidad de los poderes públicos y una corrupción galopante en todos los sectores y niveles públicos y privados, la paz tan anhelada sigue siendo una utopía y los errores que se decía no se cometerían en este proceso, no sólo vuelven a cometerse sino que se amplifican por la gran cantidad de expectativas que no podrán realizarse.

La paz no se hace sólo con buenas intenciones, con ellas sólo se empiedra el camino al infierno y esto debe tenerlo claro la sociedad colombiana. La paz es posible cuando se construye sobre la verdad, la transparencia, la justicia y sobre todo a partir de la realidad fáctica del país.

 
Deja un comentario

Publicado por en octubre 10, 2014 en Opinión Pública

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: