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EL DEBATE COMO ESENCIA DE LA DEMOCRACIA

13 Oct

EL DEBATE COMO ESENCIA DE LA DEMOCRACIAEs entendible que algunos temas relativos a la seguridad nacional deben tener reserva y no pueden ser objeto del debate público porque se perderían muchos de sus objetivos estratégicos al dejar expuesta una nación a la acción de los enemigos internos o externos que pudiere tener. Pero cuando esos temas conllevan afectación al bienestar general y a los principios que rigen la constitución de esa nación, el debate debe ser no sólo necesario sino parte del ejercicio de la participación democrática de los ciudadanos, como sucede con la agenda de negociaciones con las Farc en La Habana o con los diálogos exploratorios con el Eln o la propuesta de la fiscalía sobre negociación con las bandas criminales.

En Colombia se está generando una perversa y dañina forma de generar el debate, por ejemplo, en la filtración de funcionarios o entidades a los medios de informaciones y noticias que pueden hacer daño político al contradictor, generalmente de carácter judicial que por su naturaleza deberían estar sometidas a la llamada reserva judicial establecida para materializar las garantías que consagra el art. 29 de la Constitución o que afectan directamente la seguridad nacional cuando se hace exposición pública de mecanismos legales de operaciones de inteligencia y contrainteligencia de las Fuerzas Militares o de Policía.

Es un hecho que tales filtraciones no buscan informar a la opinión pública sobre el quehacer de la nación, sino servir de manera proterva a los intereses particulares del gobernante de turno y a su coalición política interesada en imponer alguna política sin el debate necesario; al alinear y alienar alguna parte de la ciudadanía sabe que sus tesis no serán controvertidas o que la controversia podrá fácilmente ser descalificada, ridiculizada o incluso judicializada.

El debate es la esencia de la democracia. Es el que permite que las ideas salgan, que sean confrontadas, que puedan evolucionar y que se conviertan en acción conjunta. El debate es el principal antídoto contra el autoritarismo y la dictadura, dice acertadamente Jaime López en interesante artículo publicado por la revista Futuros[1]

A medida de que los problemas de corrupción en las sociedades se van incrementando, una de las primeras víctimas o consecuencias es la falta de debate público. Entendido el debate público en un sentido amplio, no sólo en la acción de llevar a unas personas a hablar en un salón de conferencias; sino entendido por lo que pasa en los medios de comunicación, o en la plaza, o en otros espacios públicos. ¿Qué tan diversas son las ideas que se están planteando?, ¿qué tan pertinentes son los temas que se están abordando?, ¿se están realmente poniendo en la mesa los problemas del poder o no?[2]

En nuestras sociedades cuando el debate o, mejor dicho, la “calidad” del debate público se pierde, se crean condiciones propicias para que el abuso del poder se incremente. Puedo citar como mal ejemplo de debate el que existe sobre los medios de comunicación pro-gobiernos u opositores. ¿Cuánto contribuye este tipo de discusión a un debate público de calidad? Lo que hemos observado es que son discusiones que asumen una postura de oposición política, o de posición partidaria. En casos como este, el debate público sufre y de lo que se trata realmente es de la mera lucha por el poder, y a la larga los que salen perdiendo son los ciudadanos[3].

Es un hecho que la pérdida de calidad del debate o su ausencia favorece fundamentalmente a los corruptos; la falta de conocimiento y socialización de las políticas públicas fácilmente permiten que estos delincuentes se escuden en ellas para el favorecimiento particular mediante el saqueo del erario público. Por ejemplo, la política carcelaria en Colombia hace tiempo se descuidó y pese a las crisis cíclicas no se han tomado medidas de fondo para corregir los estados de desajuste institucional, se aplican paliativos cuando las crisis hacen eclosión y sucede alguna tragedia o hecho escandaloso; mientras crece el hacinamiento y las condiciones de abandono del personal interno en los sitios de reclusión, los gobiernos buscan justificaciones y anuncian cambios que nunca se producen, los medios toman esto como colofón de cualquier discusión y mientras tanto un reducido grupo de funcionarios sacan provecho apropiándose de los recursos como acaba de denunciarse con motivo de un peculado de más de 4 mil millones de pesos aprovechándose de las obsoletas normas del régimen administrativo de prisiones.

Más escandaloso aún que frente a la defraudación de dineros de la salud pública por una de las EPS encargadas de su administración, para evitar el necesario debate y la aplicación de las medidas fiscales, penales y disciplinarias que corresponden a la reprochable conducta, el Fiscal General de la Nación, que fue abogado de los implicados, aproveche su cargo y genere una persecución mediática y judicial contra quienes denunciaron el hecho sin que ocurra nada por parte de los poderes públicos para evitar ese exabrupto que atenta directamente contra las mismas instituciones, no contra las personas. El debate ha sido cercenado y los medios sólo se ocupan de divulgar como legítimas las acciones del Fiscal mientras muestran a los afectados con sus conductas como delincuentes.

Como vamos, vamos mal y los ciudadanos parecen más preocupados por la falta del show mediático que por el ejercicio de sus derechos de participación política y de control. Muy mal camino para un Estado social de derecho que tienen además otras peligrosas amenazas del crimen organizado, esto es las organizaciones narcoterroristas y las bacrim, que ganan posicionamiento político en la medida que esas instituciones se desprestigian.

 

[1] LÓPEZ, Jaime. La lucha contra la corrupción: una ojeada al pasado y una mirada al futuro. Entrevista en Revista Futuros, Revista Trimestral Latinoamericana y Caribeña de Desarrollo Sustentable.

[2] Ibíd.

[3] Ibíd.

 
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Publicado por en octubre 13, 2014 en Opinión Pública

 

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