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LA REBELIÓN DEL FRENTE 48 DE LAS FARC

20 Oct

LA REBELIÓN DEL FRENTE 48 DE LAS FARCCasi desapercibida pasó la noticia de una supuesta rebelión de la estructura criminal conocida como frente 48 de las Farc contra las negociaciones de La Habana; en medio del zafarrancho jurídico-político creado por la autorización de los viajes a Cuba y Nicaragua concedida por el gobierno a Rodrigo Londoño Echeverry, alias Timoleón Jiménez o Timochenko, desde territorio venezolano y omitiendo los procedimientos establecidos en la Ley 418 de 1997.

En declaraciones dadas a un periodista en Sucumbíos, Ecuador, un cabecilla de esta estructura criminal manifestó que no están de acuerdo con las negociaciones en La Habana y con una eventual entrega de armas que significaría traicionar años de lucha por el poder. Las declaraciones de prensa confirmarían la falta de unidad de criterios en la narcoguerrilla sobre el proceso de negociación y evidenciarían una preocupación surgida desde el mismo inicio de este proceso: en caso de un acuerdo con el gobierno para el fin del conflicto, muchos frentes de las Farc pueden verse en la tensión entre pasar a la política o continuar en actividades criminales extraordinariamente rentables, como el narcotráfico y la minería ilegal. Es extremadamente difícil de responder hasta qué punto los siete bloques y cerca de 90 frentes y columnas móviles que tienen las Farc se van a disciplinar al acuerdo que eventualmente firmen sus comandantes en Cuba con el gobierno.

Téngase en cuenta que el frente 48 hace parte estructural del llamado Bloque Sur cuyo máximo cabecilla, Milton de Jesús Toncel Redondo, alias Joaquín Gómez, hace parte de la delegación negociadora del grupo terrorista. Del mando de esta estructura forman parte también Pablo Catatumbo y Fabián Ramírez.

A la incertidumbre natural de una negociación de este tipo se suma el hecho de que una organización de tipo marxista-leninista tenga un entramado complejo para la toma de decisiones, seguramente con una comunicación lenta entre La Habana y las selvas del Caquetá, hecho que sirve de excusa al gobierno Santos para justificar los viajes de Timochenko. Sin embargo, esto también supone tensiones con respecto a un segmento generacional de las FARC de carácter urbano que compone las instancias propiamente políticas de esta guerrilla, y que por no haber combatido tiende a ser una militancia más radical y generadora de una mayor incertidumbre en estos momentos (MANTILLA, 2013)

Esta incertidumbre posiblemente se deriva del carácter liberal de los acuerdos en materia de tierras y de participación política, que ha llevado a amplios sectores de la vida nacional a señalar como lo hasta ahora pactado se encuentra ya consagrado en Constitución Política y en leyes expedidas o en tránsito en el Congreso Nacional y que los preacuerdos publicados en realidad recogen una capitulación oficial a las exigencias de la colectivización de la propiedad y el empoderamiento de la actividad narcotraficante.

Datos confiables de organizaciones internacionales como  InSight Crime, a partir de estudios in situ, señalan que las Farc constituyen el ejército ilegal más poderoso que sigue en pie en Colombia tras el desmantelamiento de los carteles de Medellín, Cali y Norte del Valle, y la desmovilización de las Autodefensas; siendo además, el movimiento insurgente más rico del mundo, que “puede estar ganando anualmente entre 500 y 1.000 millones de dólares producto del narcotráfico, dinero con el que financia su lucha (SEMANA, 2014)

Ese hecho hace previsible que cualquier fractura al interior de la organización narcoterrorista no tenga raíces ideológicas sino fincadas en el lucrativo y criminal negocio del narcotráfico como de la minería ilegal y otros delitos conexos a estos. De allí que la preocupación no surge solamente de lo señalado por el frente 48, sino que son críticos bloques como el Alfonso Cano, el Bloque Sur, el Bloque Oriental, el Bloque Magdalena Medio y el Bloque Noroccidental, que manejan los intereses criminales de la ONT y mayoritariamente se encuentran incursos en el narcotráfico, la minería ilegal y el contrabando de todo tipo, además de tener intereses en el manejo de la trata de personas, la prostitución, los juegos de azar ilegales, la microextorsión y el microtráfico en alianza con las llamadas bandas criminales.

Para la organización internacional InSight Crime, están probadas las relaciones entre las Farc y las Bacrim en Antioquia, Cauca, Caquetá, Chocó, Córdoba, Nariño, Norte de Santander, Meta, Putumayo y Valle del Cauca”, de donde se desprende que existen muchas probabilidades de que parte de las Farc, y eventualmente el Eln, se dedique al narcotráfico después de firmar la paz “El riesgo de criminalización de los elementos de las FARC, una vez un acuerdo haya sido firmado y se haya producido una desmovilización, es muy alto, casi inevitable”. Por ello es lógico plantearse si el gobierno siendo consciente de esta realidad está preparado para que la Nación afronte debidamente ese riesgo y la nueva delincuencia no haga colapsar el orden institucional.

 
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Publicado por en octubre 20, 2014 en Opinión Pública

 

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