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EL PAÍS DESCUADERNADO

21 Oct

EL PAÍS DESCUADERNADOPor segunda vez vamos a recurrir al mismo titular para referirnos al estado de cosas imperante en la república (https://colombiaopina.wordpress.com/2013/12/14/el-pais-descuadernado/), siendo referencia obligatoria la admonición que hiciera Carlos Lleras Restrepo en la recordada revista Nueva Frontera, meses antes de la instalación de la Constituyente (1.991), encargada de reformar la Carta Magna para adecuarla a la era actual, advirtió de los peligros que se cernían ante la inminencia de un “país descuadernado”, dada la corrupción y los malos manejos que anticipadamente se advertían en el aparato del estado. 

Muy poco ha cambiado desde entonces y algunos males se han incrementado para mal de un país cuya capacidad de sobresalto e indignación está casi perdida, porque son tantas las anomalías y los escándalos que para muchos lo atroz y las triquiñuelas de algunos dirigentes se volvieron el “pan de cada día”. Lo irregular, inmoral o ilegal se volvió costumbre y quien ose cuestionar ese estado de cosas es un arcaico, retrógrado, cavernario, camandulero, etc.

Los mecanismos de participación ciudadana previstos en la Constitución del 91, que deberían servir de advertencia y corrección de las irregularidades de la administración pública, no han sido desarrollados plenamente mediante las necesarias leyes reglamentarias o han sido bastardeados para ponerlos al servicio de los intereses políticos coyunturales, pero pesa también el hecho cierto de que los ciudadanos no quieren involucrarse, no se comprometen porque prefieren la abulia política a la participación para cumplir sus deberes como paso previo a la exigencia de los derechos; las Juntas de Acción Comunal son un patético ejemplo de cómo no funcionan las células básicas de la sociedad.

Los ciudadanos no votan, no participan activamente en la vida partidaria o política, por el contrario se quedan en la crítica negativa hacia los partidos y las instituciones, nada les satisface pero nada hacen por cambiar el estado de cosas, el voto en blanco o la abstención son la medida fácil para evadir los deberes ciudadanos; eso es lo que hace posible que en Colombia la alta tasa de abstención se convierta en una constante histórica de nuestra pobre cultura política que permite la continuidad de  las mañas, los escándalos, las triquiñuelas, las acciones al margen de la ley, sin que se vislumbre una reacción enérgica y definitiva a corto plazo por parte de la dirigencia nacional.

Nunca como ahora los poderes públicos “gozaban” del desprestigio que motiva el pesimismo nacional; el poder judicial que era rescatable otrora está inmerso en el escándalo de los carruseles, del atornillamiento al poder, de los contubernios con toda suerte de mafiosos o politiqueros a cambio de regalitos, fiestas o nombramientos de familiares, amigos o recomendados en otras esferas de la administración. Mientras 1.5 millones de procesos penales están represados en la Fiscalía, el ente investigador está dedicado a convertirse en omnímodo poder político con control absoluto de la inteligencia militar y policial como arma para someter a los poderes públicos y a los ciudadanos del común.

Nadie se para un momento para analizar ecuánimemente el costo que para el Estado social de derecho tienen las actuaciones y pronunciamientos del actual Fiscal Eduardo Montealegre; con tal de que ataque a la persona de Álvaro Uribe Vélez o sus seguidores, a la Política de Defensa y Seguridad Democrática y sus innegables logros, todo se legitima en la galería; la política y la administración pública fueron convertidas en motivo penal cuando le conviene al Fiscal o a sus consuetas. La institucionalidad militar ha sido una de las cabezas de turco utilizadas para golpear profundamente los fundamentos de la Constitución del 91, pero eso no despierta inquietudes sino aplausos.

El desbarajuste institucional actual tiene su génesis en lo actuado por los poderes públicos con relación a la legal y legítima sanción disciplinaria impuesta al alcalde Bogotá Gustavo Petro por la Procuraduría en uso de sus facultades constitucionales y legales. No era la primera vez que el Ministerio Público profería una medida de ese tipo, destitución e inhabilitación política, contra un funcionario elegido popularmente, pero en este caso se torció la columna vertebral de la constitucionalidad y la legalidad para sostener al burgomaestre capitalino en su cargo, desde el abuso de la acción de tutela hasta el manifiesto prevaricato, rampante y vulgar, de algunos magistrados con intereses personales en la administración distrital o el oportunismo electoral del entonces candidato-presidente Juan Manuel Santos Calderón.

Recuérdese que el fiscal Montealegre, cuyas funciones están claramente definidas en la Constitución Política, se convirtió en el abogado de oficio de Gustavo Petro e inició maniobras judiciales para neutralizar las decisiones disciplinarias de la Procuraduría, como lo hizo contra la Contraloría General para evitar el juicio fiscal contra Saludcoop de la cual fue abogado, grupo del cual y al parecer percibió honorarios aún después de posesionado como fiscal, hecho que se atribuye a un error de digitación contable.

El postigo abierto entonces hoy es un colosal portón; todo funcionario público sancionado por evidente violación disciplinaria recurre al fácil expediente de denunciar “persecución política y religiosa” del procurador para evadir las consecuencias de su ilícita acción; llegándose ya hasta el grado de descalificar al Procurador por pedir que se cumplan los mandamientos de la Constitución y la ley para el desarrollo del proceso de diálogos y negociación del fin del conflicto con las organizaciones narcoterroristas que por más de 50 años han sometido al país a la depredación criminal.

Si nos quejamos de que la administración pública no da respuesta positiva a las necesidades de los pobladores, que la corrupción sigue su marcha campante, que esto o aquello nos aleja de la participación en los deberes ciudadanos, pero a la vez contribuimos a la descalificación de los organismos de control que por fin están actuando para satisfacer esos intereses corruptos que criticamos ¿Qué patria vamos a dejarle a las futuras generaciones distintas a una descuadernada?

 
1 comentario

Publicado por en octubre 21, 2014 en Opinión Pública

 

Una respuesta a “EL PAÍS DESCUADERNADO

  1. JABESO

    octubre 21, 2014 at 8:28 am

    PROPORCIÓN

    Santos; continúa la rutina de los tumbos, todo le sale mal, no pega una ni por chance, así se le comporta la vida a un ¡Traidor!

    La vanidad por el Nobel lo acosó hacia la impunidad y el derroche. El hambre de la reelección lo encaminó al fraude y la trampa. Acosado por las deudas, falsas promesas electorales, mentirosas encuestas, amañadas estadísticas, siente el hundimiento, la humillación, el deterioro, de lo único que pudo ofrecer: descomposición social.

    Justificar las acciones de las Farc y menospreciar las razones de la oposición, por un mezquino odio a quien lo llevó al triunfo… angustiado sabe quién tiene la razón.

    Curioso en esta parte vino a mi mente la palabra clemencia y Clemencia es tu mujer.

     

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