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FARC REFUERZAN SU EQUIPO EN CUBA

22 Oct

farc REFUERZAN SU EQUIPO EN CUBAEs un hecho que en un proceso como el que cursa en La Habana ninguna de las partes puede condicionar quién representa a la otra y por ende la organización narcoterrorista puede disponer sobre qué personas conforman su equipo negociador y el gobierno está obligado a brindarles todas las garantías mientras tengan esa representación, ello en acatamiento a las normas del DIH que así lo determinan.

Otro aspecto que no puede dejarse de lado en el análisis es que en una negociación política de un conflicto armado influyen muchos factores y no hay, por así decirlo, una cartilla, un manual de formalidades para su desarrollo; el único elemento que pesa en ese desarrollo es el respeto de las partes a las normas de guerra contenidas en el DIH y con un denominador común como es el art. 3º del Convenio de Ginebra presente en los Protocolos Adicionales, relativo al respeto absoluto a quienes tengan el estatus de prisioneros de guerra y la prohibición absoluta de la toma de rehenes, esto es del secuestro en cualquiera de sus manifestaciones (económica, política, social o militar).

Aquí debe recordarse que precisamente el 7 de agosto de 2010 cuando tomaba por primera vez posesión de la presidencia, Juan Manuel Santos Calderón puso como condición la liberación de todos los secuestrados como paso previo e inamovible a cualquier proceso de negociación o diálogo con las organizaciones armadas ilegales, principalmente las Farc. La pronta flexibilización del requisito le ha impedido al país saber con certeza cuántos secuestrados quedan, cuántos están en condición de secuestrados-desaparecidos, 946 serían soldados y policías, y lo que es peor que ahora la narcoguerrilla se burle abiertamente de esas víctimas en La Habana y continúe con esa práctica criminal en alianza con bandas criminales o mediante el reclutamiento de niños y adolescentes como se ha evidenciado en varias regiones.

Que sean terroristas representativos del Secretariado de las Farc y de las comandancias de los bloques criminales, debería ser una señal de buen augurio y darle credibilidad al proceso, pero con la diferencia de muy pocos nombres, son los mismos que han estado al frente de los fallidos procesos anteriores, especialmente el del Caguán y por ello es difícil para el ciudadano del común ser más optimista, lo que se refleja en diferentes encuestas donde el 74% de los ciudadanos no tiene confianza en el buen resultado de lo que sucede en La Habana.

Sin duda ese proceso responde a las características descritas por Edward Hall como correspondientes a las de un tipo de cultura de negociación de contexto alto donde más que los aspectos formales (legales) importa el grado de confianza que se cree entre las partes, las negociaciones son más lentas, ya que exigen establecer una relación personal que establezca confianza entre las partes [1]; por ello es erróneo y lo ha sido desde un comienzo, pretender establecer unos límites temporales reducidos, eso mina la confianza del ciudadano que llega a no sentirse representado en el proceso porque no confía en ninguna de las partes allí sentadas.

A lo anterior se suma el que el proceso de paz haya sido impuesto como una política de partido, de gobierno, no como el resultado de un consenso nacional que lo convierta en asunto de Estado y comprometa a todos sus integrantes. La gran discusión nacional no es sobre la conveniencia o no del proceso, la paz es un anhelo general, sino sobre si se deben o no hacer exigencias mínimas de respeto a la narcoguerrilla del DIH y cesar todas las acciones constitutivas de crímenes de guerra o delitos de lesa humanidad mientras se dialoga en medio del conflicto y sobre las consecuencias penales y políticas que deben derivarse de la responsabilidad de los cabecillas narcoterroristas por estas conductas punibles cuando se llegue a un acuerdo de cese del conflicto.

De tal manera que la polarización generada por esa errónea apropiación del tema de la paz no contribuye en nada a mostrar un Estado fortalecido y victorioso como correspondería en la mesa, sino un Estado dividido y confuso que se convierte en fácil víctima de la dialéctica fariana, permitiéndole a la organización criminal un mejor posicionamiento político frente al país y frente al mundo, mientras los poderes legítimos se desgastan en la lucha intestina creada por la falsa concepción de guerreristas o apaciguacionistas que se deriva de esa ilógica posición de individualizar el proceso de negociación.

En ese afán apropiador de una parte de la clase política del discurso de la paz se llega a la comisión de irresponsabilidades que tendrán un peso enorme en el resultado del proceso, como la oferta de impunidad absoluta que el órgano de investigación penal hace a los cabecillas de las Farc, amén del reconocimiento absoluto de los derechos políticos, en contravía a las disposiciones internacionales que obligan a Colombia a no conceder amnistías o indultos así estos vayan disfrazados de endebles definiciones jurídico-penales para hacerlas parte de una hipotética justicia transicional. Si bien no es el presidente quien ha hecho esas ofertas, no las ha rechazado tampoco y el Fiscal, jerárquicamente es un subalterno suyo. Las expresiones realizadas por el señor Montealegre en manera alguna corresponden al ámbito personal y particular, pues la ha realizado como cabeza de la Fiscalía que hace parte integral del poder legítimo en la nación.

Ojalá este anormal estado de cosas se solucione cuanto antes si lo que se busca es en realidad el bien general que es la paz; el equipo negociador de las Farc se refuerza con curtidos terroristas expertos en el manejo del discurso político, mientras la sociedad y su clase política ahondan las heridas que dividen al país y lo deja indefenso frente a la organización narcoguerrillera.

[1] Hall, E.T. El lenguaje silencioso. Alianza Ed. Madrid. 1989. Alice, Mauricio: La cultura en la Negociación. En La Trama. Revista interdisciplinaria de mediación y resolución de conflictos. http://www.apcpsen.org.ar

 
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Publicado por en octubre 22, 2014 en Opinión Pública

 

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