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PEQUEÑAS COSAS QUE NO LO SON

23 Oct

PEQUEÑAS COSAS QUE NO LO SONLos voceros del equipo negociador del gobierno en La Habana se fueron lanza en ristre contra las 52 anotaciones que hace el Centro Democrático a los borradores de acuerdo alcanzados parcialmente sobre 3 de los 5 capítulos de la agenda de negociación; para un observador imparcial la cuestión sería de poca monta si todo se reduce a la interpretación literal y la discusión en la mesa simplemente se limita a cómo poner en práctica leyes de la nación ya existentes. Visto desde esa óptica la negociación sería hasta innecesaria.

Los voceros gubernamentales realmente le están pidiendo al país un acto de fe, hay que creer sin cuestionamiento alguno en lo que ellos hacen por ese bien general que es la paz. Y ello conlleva a creer que sólo sus declaraciones representan la verdad aunque la contraparte a diario publique y socialice un contexto diferente sobre lo acordado y lo pendiente, presentándose como la voz directora del proceso y hasta determinando con quién sí y con quién no el gobierno puede relacionarse en su curso.

Tan grave se presenta esa realidad no vista por la mayoría de los ciudadanos, que las Farc están retando a un golpe de estado propiciado por la institucionalidad militar para dirimir el asunto de la paz[1]. Si a ello sumamos el intento de agresión del senador García Realpe luego de una fallida encerrona política al ex presidente y hoy Senador Álvaro Uribe Vélez, tenemos entonces que no estamos en un proceso de finalización de un conflicto armado sino en el comienzo de una violencia más descarnada que supera incluso los principios de la combinación de las formas de lucha de los comunistas del siglo pasado, para dar paso a la imposición de la fuerza de las mafias narcoterroristas.

Para las Farc, como para el santismo, resulta hoy fundamental imponer el criterio de una paz sin condiciones para el narcoterrorismo y todo el costo social, económico, político y militar para el Estado. Es así tanto que mientras para las Farc los cuestionamientos a los preacuerdos son salidas abiertamente clasistas y racistas, junto con su oposición centenaria a la “función social de la propiedad”, así como su apego al “sacrosanto” y medieval derecho a la propiedad “encomendada”, evocan la época esclavista y colonial de los virreyes españoles de donde no han salido. Sus posiciones político económicas y su oposición visceral a los acuerdos recientemente publicados “sobre desarrollo agrario integral, participación política y, solución al problema de las drogas ilícitas” alcanzados entre el Estado colombiano y las Farc; para el gobierno todo se reduce a una interpretación literal y a la vigencia de leyes existentes y no a afectación al ordenamiento constitucional o legal.

Para el ciudadano del común debería ser tema de debate cómo es que tanto Uribe como Santos han apostado por posiciones contradictorias con tal de sacar provecho de la paz. Cuando Uribe quiso adelantar un intercambio humanitario, Santos se le atravesó; como Ministro de Defensa no le quedaba bien. Ahora es Uribe quien se atraviesa, su popularidad se basa en gran parte en ser duro frente a las concesiones del Gobierno[2]. Discusión que lleva a una posición de debilidad del Estado frente al enemigo narcoterrorista en La Habana.

El Estado aún tiene cartas para jugar, hablando el lenguaje preferido por el actual gobernante. Las Farc tampoco han entendido que las concesiones que el Gobierno les hace no son el producto de su capacidad de representar a la sociedad, no alcanzan el margen de error de la muestra (2 por ciento, según Gallup, en septiembre del 2013). La gente aprueba que el Gobierno haga concesiones, pero solo para evitar más violencia innecesaria. Y en vez de lanzar señales para facilitar el respaldo de la población al proceso, las Farc se empecinan en hacer lo que la gente más odia, desde poner trabas y postergar las conversaciones hasta burlarse de las víctimas[3].

Si en verdad queremos la paz como requisito de supervivencia nacional, hay que comenzar a dar ejemplos. Se negocia con un enemigo armado que busca cambiar el modelo político de la nación, por lo tanto quienes dicen defender ese modelo de Estado social de derecho consagrado en la Constitución de 1991 deben comenzar a dar ejemplo de desarme del discurso y atender lo que un 50% de colombianos expresamos en las urnas sobre el proceso actual con las Farc, no imponerlo a la fuerza y con bravuconería como si se estuvieren atendiendo las órdenes emitidas “desde las montañas de Colombia”.

[1] ANNCOL-FARC. ¿Se atreverán a dar el golpe militar? 22 de octubre de 2014. Disponible en: http://anncol.eu/index.php/anncol/editorial-anncol/8309-colombia-se-atreveran-a-dar-el-golpe-militar-editorial-anncol

[2] DUNCAN, Gustavo. Nada personal. El Tiempo. 23.10.2014. Disponible en: http://www.prensaescrita.com/adiario.php?codigo=AME&pagina=http://www.eltiempo.com

[3] Ibíd.

 
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Publicado por en octubre 23, 2014 en Opinión Pública

 

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