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LA GRAN HIPOCRESÍA

02 Nov

LA GRAN HIPOCRESÍALa hirsuta mamertería enciende fuegos para acusar al paramilitarismo de los 80 y 90 como culpable de la violencia y hasta existen presuntos historiadores que en estos tiempos pretenden convencernos de que fue primero el paramilitarismo que las narcoguerrillas; el gobierno nacional que nada en todas las aguas, por intereses políticos, termina apoyando la tesis mamerta y pone a la Fiscalía en la tarea de distractor judicial para aminorar las culpas de la narcoguerrilla en la violencia vivida en los últimos 50 años. Hay una culpa colectiva, dice el presidente Santos.

Nada distinto podía esperarse de un señor como Juan Manuel Santos Calderón que juega a cinco bandas y a las que surjan para acomodarse como protagonista de la historia, cuando eso se advirtió al uribismo respondieron diciendo que podía cambiar y que merecía una nueva oportunidad; quienes lo recomendaron fueron sus primeras víctimas y sobre sus cadáveres políticos emergió hasta el punto de reclamar el papel de heredero de Álvaro Uribe Vélez. Allí lo acompañaron los mismos putrefactos personajes que hoy hacen la política: Armando Benedetti, Roy Barreras, el partido de la U, el partido liberal y los conservadores enmermelados.

Hablando con varios Oficiales y Suboficiales del Ejército Nacional sobre el paso de Juan Manuel Santos por el Ministerio de Defensa en la presidencia de Álvaro Uribe Vélez, señalaron como este individuo aprovechó su tiempo para crearse una guardia pretoriana y descabezar a quien pudiera ser crítico de sus ambiciones personales y políticas; él fue quien inventó el término de los falsos positivos y encabezó la cruzada para eliminar la oficialidad entusiasmada con el éxito de la Política de Defensa y Seguridad Democrática, pese a que reclamaba como propios los éxitos que ellos obtenían. Aquellos de quienes se sospechaban podrían ser uribistas simplemente se les aplicaba la facultad discrecional de llamarlos al retiro y que mejor que aprovechar la coyuntura mediática para mostrarlo como obra de la depuración en defensa de los DD.HH.

En las filas militares el espectro de Santos no se olvida, sobre todo porque para alcanzar sus fines tenía a mano un individuo sin escrúpulos conocido como “La Machaca” para aplastar a quien le conviniera. Carlos Suárez, de quien nunca nadie ha podido pudo llegar al grado alcanzado, llevaba los nombres de quienes manifestaban más entusiasmo frente a la Política de Defensa y Seguridad Democrática, a Santos y su Viceministro Jaramillo, allí evaluaban grados, responsabilidad y posible influencia en las tropas y creaban listas de oficiales y suboficiales comprometidos con lo que el entonces Ministro llamó “falsos positivos”, presentándolas al presidente de la república para aplicar el uso de facultades discrecionales y retirarlos del servicio.

Sobre los “falsos positivos” sólo llegó a conocerse con certeza el lamentable caso de Soacha, pero gracias a las filtraciones producidas, quizá desde el mismo Ministerio de Defensa, todos los casos de combate con organizaciones armadas ilegales se acogieron a esa figura y los terroristas o víctimas colaterales fueron llevadas a ese plano; hoy sabemos los resultados. Hemos llegado al extremo que en San José de Urabá, el cura Javier Giraldo obtiene protección internacional para reconocidos cabecillas narcoterroristas aduciendo que son defensores de derechos humanos perseguidos por el Ejército.

Hoy, para justificar la claudicación política ante las Farc, derrotadas militarmente, el señor Santos no se conforma y sigue pidiendo cabezas de generales no convencidos de su política, para ello tiene en la Fiscalía el mejor aliado de sus ambiciones; eliminar la Inteligencia Militar que ha sido la fuente de los mayores graves descalabros de los narcoterroristas, no Santos sino los soldados de verdad que se juegan a diario la vida para asegurar las garantías constitucionales que rigen para los colombianos y los habitantes de la nación.

Si el Fiscal Montealegre tuviere el completo control de la inteligencia militar, jamás se hubieren producido los resultados obtenidos porque él obedece a intereses políticos, no estratégicos como son los que conllevan la defensa del país y sus fundamentos como nación.

Herir el corazón de la inteligencia militar es poner en coma la acción del Ejército Nacional y el conjunto de las Fuerzas Militares y de Policía la lucha contra el narcoterrorismo y demás amenazas delincuenciales contra el país; es poner en tela de duda la supervivencia misma de la Nación y la vigencia de esa Constitución que nos eleva a un Estado social de derecho; de tal manera que lo que suceda de aquí en adelante es un asunto a resolver por los ciudadanos mediante los mecanismos de participación que en la Carta se contemplan.

Cansados de la guerra no podemos entregarnos como ovejas al matadero del socialismo del siglo XXI. Si lo que ocurre en Venezuela, hija de nuestro mismo Libertador, no es ejemplo suficiente el que se produjere en Colombia superaría cualquier límite de la barbarie conocida. No todos aceptamos el socialismo por decreto.

 
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Publicado por en noviembre 2, 2014 en Opinión Pública

 

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