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PALOS DE CIEGO

24 Nov

PALOS DE CIEGOResultan hasta risibles los análisis de ciertos personajes que quieren hacerle creer al pueblo colombiano que el secuestro de un General o el asalto a la Isla Gorgona para asesinar a un Oficial de la Policía, son serios golpes a las FF.MM o a la seguridad del país. Ni una ni otra acción terrorista ha obligado a replantear la estrategia de defensa nacional o las tácticas del Ejército Nacional o la Policía para combatir las organizaciones narcoterroristas.

Seguramente serán un golpe publicitario y no tanto por la acción misma, previsible en situaciones de combate, sino por la explotación morbosa que de ellas hacen los medios de comunicación en ese afán amarillista que tanto caracteriza la prensa sensacionalista del país. Sobre todo porque desde las páginas de ciertos medios, reconocidos propagandistas de las narcoguerrillas insisten en coadyuvar presentando los hechos como importantísimas acciones de guerra de sus prohijados para contribuir a generar la sensación de miedo y derrota de la sociedad, que es precisamente lo que buscan las Farc o Eln con estos crímenes.

Y es tan fútil e inane una y otra acción que ni siquiera significa un triunfo propagandístico porque generaron una corriente de rechazo entre los colombianos, aún mayor a la que las narcoguerrillas tenían antes de realizarlas. Sólo las ya consabidas voces que respaldan políticamente a las organizaciones terroristas se han pronunciado con la misma cantinela monótona exigiendo cese bilateral del fuego, necesidad esa si estratégica de la narcoguerrilla para reorganizarse y tomar nuevos bríos. Sin embargo la propuesta del cese bilateral es rechazada por más del 80% de los colombianos encuestados por diversos medios que se ocupan de la noticia.

Si los terroristas buscaban mejorar su imagen anunciando después la liberación de los secuestrados y tratando de mostrar con ello su voluntad de paz, no alcanzaron ese objetivo como lo demuestra el incremento de índices de pesimismo frente al proceso de La Habana. La cacareada voluntad de paz de las Farc se muestra como otra gran mentira cuando sus aliados del Eln anuncian un paro armado en el Chocó para justificar la dilación en la liberación de los secuestrados alegando seguramente falta de condiciones por la continuidad de operaciones para controlar cualquier desafuero de sus asociados.

Lo que han demostrado las Farc al sostener la ejecución de acciones terrorista es su voluntad por sostener una guerra inicua, demencial y devastadora contra el pueblo colombiano ya no con la intención de tomarse el poder para instaurar el socialismo, sino para mantener sus intereses narcotraficantes y criminales como cualquier organización delincuencial de derecho común. La naturaleza criminal de las Farc no cambia por refinados que sean los discursos políticos de sus cabecillas o propagandistas en la legalidad.

Sin lugar a dudas las Farc no han generado hechos positivos que permitan pensar en que realmente les asiste voluntad de paz; cometer delitos, reconocerse autores y anunciar que los seguirán cometiendo si la sociedad no cede ante sus pretensiones no puede ser valorado como un gesto de paz, es sencillamente extorsión social mediante el terror. A la par que manifiesta intención de liberar a militares secuestrados en el Chocó y Arauca, en Cajamarca, Tolima, alias Donald, cabecilla del Frente 21, declara objetivos militares a trabajadores de la empresa Anglo Gold Ashanti Colombia o a campesinos y comerciantes que les vendan a estos trabajadores insumos, alimentos o cualquier servicio.

Esta narcoguerrilla en 2 años de conversaciones se ha prevalido de que el proceso avanza en medio del conflicto, no para plantar combate legítimo a las FF.MM. sino para ejecutar acciones criminales terroristas expresamente prohibidas por el DIH que no constituyen actos de guerra, en eso ni el pueblo colombiano ni sus gobernantes pueden llamarse a engaño. No se está negociando con una guerrilla de carácter político-militar cuya lucha se enmarca dentro de las definiciones del derecho internacional (guerras de liberación nacional, guerras contra regímenes impuestos por potencias extranjeras o que practican el apartheid racial, político o religioso, etc.), sino con una compleja organización que desarrolla actividades de narcotráfico, explotación de minería ilegal, etc., todos delitos de lesa humanidad, amparándose en un discurso pseudo político.

Para el pueblo colombiano queda claro que esta etapa de las negociaciones ha sido más una guerra semántica para buscarle definiciones nuevas a las acciones del narcoterrorismo y convertirlas en conductas conexas a la rebelión o insurrección, palabras estas que definitivamente no describen la naturaleza real y actual de las Farc.

 
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Publicado por en noviembre 24, 2014 en Opinión Pública

 

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