RSS

ECOS DE LA MARCHA NACIONAL CONTRA LAS FARC

14 Dic

ECOS DE LA MARCHA NACIONAL CONTRA LAS FARCNo se pueden llamar a engaño quienes han pretendido descalificar la marcha nacional contra las Farc que bajo el lema “Paz sin impunidad” se desarrolló en Colombia en el día de ayer 13 de diciembre. Quizá no tenga la magnitud de la celebrada el 4 de febrero de 2005, hasta ahora la más grande movilización de colombianos por un fin común: el rechazo a las narcoguerrillas, pero es significativa en el actual estado político de las negociaciones con esa organización terrorista y el permanente anuncio de avances en materia de acuerdos por parte de los voceros gubernamentales.

Ya se ha dicho hasta el cansancio que la prolongación en el tiempo de esas negociaciones y la visibilización de los preacuerdos que aún no definen nada concreto en las materias tratadas por la cantidad de puntos pendientes y salvedades hechas por la narcoguerrilla, aunado a ninguna demostración de voluntad de paz real al mantener la escalada terrorista que afecta principalmente a la población más vulnerable especialmente del Cauca, Nariño, Putumayo, Arauca y los Santanderes, corren en contra de cualquier apoyo popular definitorio al proceso y a la firma de unos eventuales acuerdos finales.

Teniéndose que es el pueblo colombiano el que en últimas debe aprobar esos acuerdos resulta diciente que el apoyo al proceso no sea unánime y que sobre aspectos críticos como la aplicación de justicia transicional y habilitación de derechos políticos para los terroristas, el rechazo es ampliamente mayoritario; sería un error de cálculo político pensar que ese rechazo se reduce al número de personas que marcharon ayer, alrededor de 60.000 colombianos que son apenas una expresión de esas mayorías si se tienen en cuenta las diferentes medidas de opinión que permanentemente muestras los medios de comunicación.

Como también es un grave error para la coalición política de gobierno pretender deslegitimar la marcha señalando que los promotores son del Centro Democrático del ex presidente Uribe; este señalamiento podrá tener algún eco en los ya tradicionales y medidos grupos de presión contrarios al hoy Senador Álvaro Uribe, pero definitivamente muy poco impacto en el resto de la sociedad, estimulando por el contrario la admiración hacia el personaje por su capacidad organizativa y de concentrar respaldos. En la marcha de ayer convergieron otros sectores de opinión importantes y es significativo el amplio número de jóvenes, de mujeres y de organizaciones que no se identifican con el prototipo de derecha que generalmente se le endilga a quienes siguen políticamente al ex presidente.

Evidentemente esa marcha no era contra la paz como insidiosamente la presentan voceros del oficialismo y algunos medios de comunicación; lo que molesta a la sociedad han sido los prematuros anuncios de perdón y olvido frente a los crímenes de guerra y delitos de lesa humanidad cometidos por la banda narcoterrorista, anuncios que en boca del Fiscal General, que es un funcionario del gobierno, han indignado a amplios sectores de opinión que no conciben una paz sin justicia y sin verdad, que se escandalizan cuando ven como a los soldados y policías se les aplica todo el peso de la ley por haber presuntamente incurrido en acciones contrarias al DIH en procesos cargados de dudas y de evidentes atropellos a sus derechos fundamentales entre ellos el debido proceso, la presunción de inocencia y el derecho a la defensa.

No basta con que el gobierno, para paliar el efecto causado, anuncie que a los militares y policías también se les aplicarán las mismas medidas de justicia transicional que se anuncian para los terroristas, porque la sociedad lo ha percibido como una afrenta al honor militar al colocar a estos servidores públicos en el mismo plato de medida que a los narcoguerrilleros y por ende, al señalar que sus acciones, aun cuando sean contrarias al ordenamiento jurídico, son sistemáticas y de la misma magnitud que los crímenes cometidos por las Farc, situación que es contraria a toda realidad fáctica y jurídica.

Si algo quedó en claro ayer, es que el discurso de las Farc se quedó obsoleto y anquilosado, que no tiene ningún calado en la opinión nacional y que por el contrario la actitud prepotente y de permanente reto a la sociedad, al querer presentarse como una fuerza victoriosa, le resta credibilidad a sus intenciones de paz; pero también se ve como el gobierno se ha equivocado en su mecánica, al convertir el proceso de negociaciones en un asunto exclusivo de un sector político y señalar que quien no está de acuerdo con ese proceso es enemigo de la paz, ha estimulado una innecesaria polarización del país y es quien ha permitido esa apreciación de que hay claudicación y entrega de un poder político inmerecido para una banda criminal que militarmente fue derrotada porque perdió su capacidad ofensiva que la convertía en amenaza para las instituciones y la supervivencia misma del Estado.

Es hora de repensar la forma en que se negocia en Cuba. Ahora que se habla de desescalar el conflicto es urgente que el gobierno ponga un mínimo de condiciones a la narcoguerrilla para continuar el proceso y ese mínimo no es otra cosa que la exigencia del respeto a las normas del derecho internacional humanitario. Las Farc, de manera torpe, han arreciado sus acciones contrarias a esas normas mediante el uso de armas no convencionales en sitios protegidos especialmente por el derecho de guerra como son las escuelas, los acueductos, las obras de ingeniería básica y de beneficio energético para las comunidades y lo que es más reprochable, mediante el reclutamiento de niños y adolescentes en comunidades indígenas y negras en el suroccidente y la Orinoquía.

El gobierno, y las mismas Farc, no pueden seguir equivocándose al despreciar la opinión de los ciudadanos. Los resultados de la primera vuelta electoral pasada y el casi 50% que votó en la segunda por una paz sin impunidad no pueden ser ignorados. El país no es el mismo de la primera mitad del siglo pasado en el que se quedaron las narcoguerrillas y que parece están mirando los voceros gubernamentales al ignorar la verdadera naturaleza criminal de la organización narcoterrorista, tampoco pueden confiarse en la presunta poca memoria del pueblo y su aparente indiferencia frente a estos temas. La marcha de ayer fue un pequeño sismo que puede anunciar movimientos mayores.

 
Deja un comentario

Publicado por en diciembre 14, 2014 en Opinión Pública

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: