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REFLEXIONES DE NAVIDAD

25 Dic

REFLEXIONES DE NAVIDADComo era de esperarse, por corresponder a un comportamiento histórico, las Farc violaron la tregua que ellas mismas decretaron y asesinaron a un Soldado, hiriendo a otro, en Samaniego, Nariño, hecho criminal cometido por la columna “Daniel Aldana” de esa narcoguerrilla, manteniendo secuestrado al SLP Carlos Becerra luego del cruento ataque a una patrulla que prestaba vigilancia a un acto donde se entregaban regalos a niños en condición de pobreza, allí murieron cinco soldados.

Debe recordarse que en la tregua unilateral, que también decretaron las Farc en 2013, cometieron más de 40 acciones terroristas con saldo de muertos y heridos de la fuerza pública y la población civil, como en 2012, entonces la narcoguerrilla pretextó dificultades en las comunicaciones para justificar las agresiones; seguramente este año pretenderán acudir a la excusa de que actuaron en defensa como lo habían anunciado, argumento falso en cuanto los crímenes cometidos lo han sido con francotiradores y ataque con armas no convencionales, tatucos, contra unidades militares que no se encontraban en operaciones ofensivas.

Indudablemente, las Farc juegan al desgaste político del gobierno en el proceso de La Habana y basta con mirar el macabro juego con el tema de las víctimas; en algunas declaraciones de sus voceros aceptan haberlas causado pero a renglón seguido se retractan y hasta llegan a burlarse de ellas justificando los secuestros y asesinatos como normales efectos del conflicto. En esas aparentes contradicciones, es el gobierno quien ve minada su credibilidad, pues mientras los voceros oficiales parecen apresurarse a aplaudir la supuesta “voluntad de paz” de la narcoguerrilla, ésta inmediatamente riposta señalando que no se reconocen culpables sino que toda la culpa corresponde al Estado.

No es novedosa esta conducta, así la han desplegado en todos los anteriores intentos de diálogos y acercamientos para poner fin al conflicto y evidentemente corresponde a la estrategia de “profundizar la crisis del sistema para estimular la insurrección popular”; romper la unidad de la nación y el gobierno sería un objetivo político de inmenso valor para los terroristas que reclamarían el apoyo de los sectores nacionales que indubitan la acción estatal presionando la aceptación de sus propuestas como única salida política al conflicto aprovechándose del cansancio con el mismo, de los ciudadanos.

Claudia Gurisatti, directora del canal NTN24, señalaba con acierto que las Farc estaban condenadas al olvido hasta que fueron rescatadas políticamente por el actual gobierno, y está visto que se aferran a ese inesperado reconocimiento para recuperar el terreno político que habían perdido, incrementando sus acciones terroristas para fomentar el miedo y el hastío entre la población, que podría en un momento dado aceptar las condiciones de una paz a cualquier precio, incluyendo la pretensión de impunidad absoluta y reconocimiento pleno de derechos políticos para los terroristas, al ser elevados a rango constitucional de delitos políticos aquellas conductas que constituyen delitos de lesa humanidad y crímenes de guerra, incluyendo el narcotráfico.

Es predecible que las Farc buscarán prolongar las negociaciones manteniendo el mismo método desarrollado hasta ahora, que buscarán aprovechar el descontento y la frustración de amplios sectores de la población por el incumplimiento a las promesas reeleccionistas y promovido por la crisis económica derivada de la caída de los precios del petróleo, el alejamiento de inversionistas nacionales e internacionales por la cuestionada inestabilidad tributaria y jurídica en diversos sectores industriales, alentando movilizaciones y protestas en las áreas urbanas y rurales; están pendientes reformas necesarias en el campo educativo, de salud y justicia que servirán de caldo de cultivo para la inconformidad. Los aparatos políticos de la narcoguerrilla son muy activos y experimentados en esos menesteres.

Fundamentalmente las Farc y sus aparatos políticos buscarán generar protestas con expresiones de violencia para mantener el argumento del “estado represor” que niega la inclusión social, económica y política de las clases populares; el llamado a sumarse a la insurrección hecho en anteriores oportunidades se mantendrá con argumentos como el cese bilateral de fuegos y la convocatoria a una constituyente para refrendar los acuerdos de La Habana e incluir los llamados salvamentos y otras pretensiones de la organización narcoterrorista. Una clase política dividida y una sociedad polarizada son el escenario propicio para el triunfo político de la narcoguerrilla.

Es hora entonces de que el gobierno reevalúe la concepción apaciguacionista con que ha conducido el proceso de La Habana y comience a escuchar las razones de esa Colombia que bajo el lema de Paz Sin Impunidad exige la imposición de condiciones mínimas de respeto al DIH durante las negociaciones y la aplicación de una justicia transicional que no represente ausencia de castigo real a los responsables de delitos de lesa humanidad y crímenes de guerra o narcotráfico con el pretexto de que estas son conductas cometidas como conexas y necesarias a la rebelión. Mantener la ruta actual solo beneficia a la narcoguerrilla y sus aliados y voceros políticos, no a la Nación.

 
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Publicado por en diciembre 25, 2014 en Opinión Pública

 

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