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RESERVA ACTIVA Y PROCESO DE PAZ

26 Dic

RESERVA ACTIVA Y PROCESO DE PAZLeí un necio comentario de un candidato en ciernes por el santismo a alguna colegiatura en una importante ciudad de la costa atlántica el próximo año; palabras más, palabras menos, dice que quienes hacemos parte de la reserva activa del Ejército Nacional, sobrevivientes del conflicto desatado por el PCC a través de las Farc, nos oponemos al proceso de La Habana porque queremos que los actuales miembros de nuestra institución “salgan en posición horizontal y con los pies por delante”.

La insultante insinuación, similar  a la ya utilizada por el presidente Santos en campaña al señalar que el soldado no es más que alguien prestado para la guerra, busca de manera pueril tratar de crear alguna animadversión entre el personal en armas y la reserva activa de la institución castrense por la posición crítica y racional asumida por las organizaciones de quienes un día fuimos parte de nuestro glorioso Ejército. Vano intento recurrir al insulto para lograrlo.

Estoy seguro de que quien lanza tal afirmación irresponsable no sabe lo que significa el HONOR  de haber portado algún día el sagrado uniforme de nuestro Ejército y del compromiso que significa ser depositario de la total confianza de los colombianos para portar las armas en defensa de la soberanía, la libertad y las instituciones democráticas de nuestra patria como lo ordena el art. 216 de la Constitución. No hicimos parte de la institución militar por un volátil capricho juvenil o protegidos en un casino por ser hijos de una personalidad nacional, los reconocimientos, condecoraciones y demás distintivos que orlaron nuestros uniformes fueron ganados en el campo de batalla defendiendo aún a personas como él, que se sienten “civilistas” por demostrar desprecio por lo castrense.

Nadie ama la paz tanto como el soldado, frase repetida a través de la historia de la humanidad, porque nadie como él ha padecido los horrores de la guerra y sobre todo de guerras injustas como la que la ambición comunista por tomarse el poder desató contra el país; pero el soldado anhela una paz con honor, no la paz artificiosa construida por conveniencias políticas en la que como por arte de magia pasa de ser un héroe victorioso al villano causante de la violencia como ahora se pretende en La Habana.

Quien comete la afrenta no sabe cómo nos duele a cada miembro de la reserva activa la muerte de un soldado o un policía a manos de los narcoterroristas o de cualquier criminal, y nos duele más que a nadie porque en el alma seguimos portando el uniforme de verdaderos servidores de la patria. Él quizá tuvo un “papi” que le “compró la libreta” y por eso burló su deber con Colombia eximiéndose sin causa de prestar el servicio militar que los ciudadanos de a pie si prestan, pero eso no le da derecho a mirar al soldado y al policía como ciudadano de segunda del cual puede burlarse a su antojo.

Ni fuimos idiotas prestados para la guerra, ni queremos ver más soldados muertos, precisamente nuestra causa es obtener castigo para quienes los asesinan, los secuestran y los desaparecen. En nuestras almas están grabados los nombres de 946 soldados y policías de los que nadie se acuerda y por eso no tienen voz como víctimas en La Habana, son Héroes de la Patria secuestrados y desaparecidos por las Farc y que están a punto de ser sepultados para siempre en el olvido porque alguien cree que desaparecerlos es un retozo político de un rebelde.

Los soldados y policías de Colombia no secuestran, no extorsionan, no ponen bombas y minas en las escuelas y caminos de nuestros campesinos e indígenas para sembrar el terror y obtener apoyos. Por eso creo que el ligero e irresponsable comentario no proviene de una de esas febriles mentes “revolucionarias” a las que les duele precisamente es que las Farc hayan dejado sobrevivientes de esta guerra que no buscamos y por eso ahora buscan destruirnos jurídica y políticamente para cobrar revancha de la derrota militar que sufrieron.

El soldado y el policía han recorrido a pie toda la geografía nacional, como nadie conocen de esa miseria y abandono de los más humildes en los más recónditos lugares generados por la clase política corrupta, ineficiente e ineficaz, que ahora posa de pacifista. Si alguien debe responder por la guerra son los políticos, no los soldados, pues al fin y al cabo la guerra no es otra cosa que el resultado del fracaso de la política. Hacia allá es donde debe apuntar su dedo acusador, ahora que busca recorrer la senda política, no hacia el soldado que se sacrificó por las decisiones políticas.

 
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Publicado por en diciembre 26, 2014 en Opinión Pública

 

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