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Las víctimas como botín político

24 Ene

LAS VÌCTIMAS COMO BOTÌN POLÌTICODe manera descarada el gobierno Santos y los aparatos políticos de las Farc han decidido apropiarse de las víctimas “políticamente correctas” para visibilizarlas en el proceso de La Habana y desconocer al universo de víctimas de las narcoguerrillas que no tienen representación porque son consideradas de “derecha” para ese fin. “No solo las víctimas pueden contar la verdad”, dice de manera maniquea la propaganda oficial de promoción de los acuerdos alcanzados en Cuba y que favorecen únicamente la impunidad de los narcoterroristas.

Por:  Rijecas

Son exactamente 17 organizaciones representativas de las víctimas de las Farc que han sido vetadas del proceso de La Habana, el innoble argumento del gobierno y la narcoguerrilla es que están encabezadas por voceros de la “extrema derecha”, calificativo que se ha vuelto designación peyorativa aplicada a todo crítico de las negociaciones; quienes no acepten sumisamente lo que secretamente acuerdan los voceros oficiales y los narcoterroristas automáticamente se convierten en “derechistas y fascistas enemigos de la paz”, como nos ha llamado el mismo Juan Manuel Santos y lo hacen de manera sistemática y permanente sus aduladores.

Es tal la sevicia con que se persigue a las víctimas que no se pliegan sumisas a la voluntad de las Farc y Santos que se utiliza a la Fiscalía General para amenazar con procesos penales a sus voceros o, como en el caso de FEDEGAN, quitándoles los recursos de promoción de la industria ganadera como acaba de hacerlo el Ministerio de Agricultura por instrucciones de la presidencia con el Fondo del Ganado; no habría que extrañar que las acciones de la Superintendencia de Industria y Comercio contra el sector azucarero escondan las mismas protervas intenciones.

El señor General Mendieta clamaba ante el Obispo de Tunja, Luis Augusto Castro, conocido defensor a ultranza de la narcoguerrilla, que intercediera para que las víctimas de estos terroristas no fueran ignoradas. “queremos buscar una veeduría para que no se nos invisibilice. Sino que por el contrario, las víctimas de las Farc seamos directamente quienes representemos nuestros derechos. Nosotros no necesitamos intermediaciones de políticos ni de ningún otro orden. Cada una de las victimas puede asumir su vocería”; por supuesto de la Iglesia Católica no hubo respuesta favorable porque ella está comprometida en lo “políticamente correcto” del proceso y esas víctimas podrían en conocimiento público tantas atrocidades cometidas por los bandidos que podrían afectar ante la opinión pública la claudicación vergonzante.

Hoy en día las únicas organizaciones de “víctimas” reconocidas por el gobierno y las Farc son aparatos propios de la narcoguerrilla como el Movice, el Colectivo Alvear Restrepo, las ONG profarianas y todo aquel que acepte hablar solamente de “víctimas de los paramilitares” o genéricamente de “víctimas del conflicto”.  Los militares y policías, por ejemplo, no son reconocidos como víctimas por la narcoguerrilla y aunque el discurso político de Santos dice que sí, en el cambio de lenguaje oficial para referirse a los crímenes narcoterroristas ya se habla de “retenciones ilegales”, “accidentes con MAP y otros artefactos explosivos”, reduciendo a una cuestión semántica el reconocimiento de las víctimas con miras a la justicia transicional diseñada para exonerar a las Farc de crímenes de guerra y delitos de lesa humanidad.

En el caso de los militares, policías, y sus familias, el gobierno Santos se ha limitado a “pedirle” a las Farc que no los excluyan como víctimas, no a exigir como requisito sine qua non en el respectivo punto de la agenda de negociaciones su inclusión y reconocimiento. La excusa oficial es que con las Farc están negociando lo referente a las víctimas de todos los “actores armados”, lo que da a entender que militares y policías que son tenidos como tales no tienen derechos a reconocimiento como víctimas porque son considerados victimarios; sin embargo, se ha avanzado a grandes pasos a reconocer a las Farc como víctimas del Estado y de ahí las continuas peticiones de perdón del gobierno por hechos inherentes al conflicto.

Nada más hay que entender que la clasificación de las víctimas ha sido dejada en manos de organismos manipulados por la izquierda ortodoxa como el llamado Centro de Memoria Histórica y la Universidad Nacional, que tienen en sus manos determinar quiénes son y quiénes causaron los 220.000 muertos, unos 25.000 desaparecidos, 5,7 millones de desplazados y 27.000 secuestrados, además de víctimas de las 2.000 masacres ocurridas durante los más de 50 años de agresión comunista contra el pueblo colombiano; hoy sin embargo sólo se habla de las víctimas de los paramilitares y del Estado que son las políticamente correctas para resolver el tema; sin embargo los paramilitares no tienen vocería o defensa en La Habana y el Estado se está limitando a aceptar su responsabilidad en todos los hechos; hay que recordar que Juan Manuel Santos ya había anunciado que toda la sociedad colombiana tenía que estar dispuesta a aceptar su culpa por el conflicto.

Hay que recordar que precisamente las víctimas seleccionadas para asistir a las rondas en Cuba, lo fueron con ese criterio de “políticamente correctas que no hicieran escándalos o reclamos” como en su momento lo señaló el delegado de la ONU Fabrizio Hochschild, convirtiéndose esa representación, con excepción del General Mendieta, en una comisión de aplausos, besos y perdones; así como lo fue el show mediático, con víctimas seleccionadas y a puerta cerrada en Bojayá, el cabecilla narcoterrorista Félix Antonio Muñoz Lascarro, alias Pastor Alape, supuestamente pediría perdón a las víctimas de la masacre del 2 de mayo de 2002, pero del que sólo trascendió la reiteración de señalar a los paramilitares como responsables del horrendo acto criminal y presentar a las Farc como víctimas del mismo.

Que se siga manteniendo el sofisma de que las víctimas son el centro de gravedad de las negociaciones en La Habana sólo sirve para la propaganda oficial que busca legitimar la claudicación ante los narcoterroristas, porque las víctimas de las Farc siguen brillando por su ausencia en el diseño de la justicia transicional que supuestamente busca la verdad, la justicia y la restauración.

 
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Publicado por en enero 24, 2016 en Opinión Pública

 

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