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La campaña asimétrica por el plebiscito y la claudicación

02 Feb

LA CAMPAÑA ASIMÉTRICA POR EL PLEBISCITO Y LA CLAUDICACIÓNHoy no puede negarse que el actual estado de cosas es producto de una proterva campaña planificada y ejecutada desde el interior mismo del segundo gobierno de Álvaro Uribe Vélez, cuando a mala hora designó al señor Juan Manuel Santos Calderón como Ministro de Defensa y se atendió su plan de desestructurar las Fuerzas Militares y de Policía con el canto de sirenas de defender los DD.HH de los colombianos, derechos que jamás nuestros soldados y policías habían amenazado como parte de una política institucional.

Por:  Rijecas

De la mano de algunos Oficiales que se prestaron al vil juego, como el tristemente célebre “Machaca”, se asestaron golpes morales a las tropas victoriosas y desde el corazón mismo del Ministerio de Defensa se creó e hizo público el mito de los “falsos positivos”, que sirvió para perseguir y destituir a Oficiales, Suboficiales y Soldados exitosos en el combate contra el narcoterrorismo; el lamentable caso del homicidio en persona protegida cometido contra 14 habitantes de Soacha sirvió como acicate para que la teoría creada en el Mindefensa fuera apropiada por la misma narcoguerrilla y sus aparatos políticos para darle cuerpo a la guerra jurídico-política contra las Fuerzas Militares; guerra que se intensificó con el arribo del Eduardo Montealegre, eterno simpatizante del PCC, a la Fiscalía.

Santos se hace elegir con la promesa de continuar la Política de Defensa y Seguridad Democrática que había desbaratado los planes narcoterroristas de pasar a una segunda fase de su “guerra popular”, dado el fortalecimiento en recursos y hombres que había logrado en épocas de Samper (1994-1998) y abusando de la intención de diálogo del gobierno Pastrana (1998-2002), que permitió el fatídico despeje del Caguán, convertido en santuario criminal; pero nada más posesionado Santos sacó la carta oculta y se aceleró el plan de diálogos con las Farc en La Habana que venía desarrollando su hermano Enrique con el apoyo de tiranos como los Castro y Chávez. La llegada de Santos permitió desarrollar el Plan del Foro de Sao Paulo sin oposición legal (tenía la mayoría legislativa y contaba con el apoyo de un poder judicial cooptado ideológicamente por la izquierda).

Mientras maniqueamente se apropiaba de los éxitos militares de la PDSD, de manera perversa y con la complicidad de la Fiscalía, eliminaba cualquier vestigio de oposición a su política claudicacionista ante el narcoterrorismo; el término “mermelada” se institucionalizó para justificar la apropiación indebida de los recursos públicos para comprar apoyos al presidente y su “política de paz”, como para desprestigiar a sus opositores, disfrazando su uso como “inversión social” que sólo ha beneficiado a los amigos del gobernante o del fiscal (la contratación de la paz). Entretanto las Fuerzas Militares iban siendo inmovilizadas con la amenaza de judicialización, con la intervención grosera de los instrumentos y medios de la inteligencia militar para privar de oídos y ojos a los soldados en el campo de batalla usando como excusa otro mito santista, el de “las chuzadas” a la mesa de La Habana y a las comunicaciones de las Farc; pero lo más grave, con la reducción o limitación de presupuestos para las operaciones militares (especialmente del arma aérea del Ejército como vital apoyo a las operaciones de tierra), con el cuento del desescalamiento del conflicto sustentado en la presunta reducción de las operaciones terroristas contra lasFF.MM y la población civil, pero ocultando la realidad narcotraficante, de explotación de minería ilegal, de reclutamiento de menores y de extorsión que las Farc han seguido desarrollando; conductas que no se denuncian para sostener la mentira de “la reducción del conflicto que conduce inevitablemente a la paz”.

Poner en términos de “amigos” y “enemigos” de la paz el debate sobre el modelo de negociación en La Habana para ejecutar el principio de “divide y vencerás”, ha sido el arma más innoble utilizada por Santos y que le representa réditos políticos en una nación que efectivamente está cansada de la violencia generada de la decisión política del PCC de tomarse el poder mediante la combinación de las formas de lucha; sólo que desde el mismo gobierno ahora se señala al Estado y a la sociedad colombiana como culpables de esa violencia; cuestionar el modelo claudicacionista en términos mediáticos se traduce en perpetuador de la guerra y por ende objeto del rechazo del ciudadano convenientemente desinformado por unos medios de comunicación social que perdieron todo horizonte ético y a cambio de la “mermelada” sólo reproducen la “verdad” oficial.

Institucionalizar la corrupción (contratación por la paz y otras arandelas), instrumentalizar los poderes públicos e incluso las mismas FF.MM y de Policía, para llevar adelante un programa político particular del gobernante y sus aliados políticos, que no cuenta con el apoyo de al menos la mitad de los colombianos como se demostró en las urnas, deja sin voz, sin representación y sin derechos a quienes manifestamos nuestra inconformidad por el modelo de negociación que se lleva a cabo en La Habana; no nos oponemos a la paz, pero aspiramos a una paz con justicia, con verdad y reparación, no a un sainete donde se distribuyen las culpas entre las víctimas mientras se exonera a los victimarios y se les entrega el poder político, con lo que estos alcanzan el objetivo que se fijaron hace más de 60 años con la combinación de las formas de lucha: tomarse el poder.

Sin medios de comunicación para expresar nuestra opinión se pretende silenciarnos, afortunadamente hoy nos quedan las redes sociales para apelar a la conciencia de los ciudadanos honestos, trabajadores, que realmente aman esta Patria colombiana. Y no es exageración, cuenten el tiempo que los medios dedican a la propaganda oficial, a la legitimación y lavado de imagen de los narcoterroristas, a desprestigiar a los opositores, con el que realmente se ocupa de divulgar imparcialmente la voz de estos, y entenderán la realidad de esta campaña asimétrica para imponer la claudicación ante las Farc y eventualmente el Eln.

Mientras el gobierno Santos guarda silencio y pretende silenciar el destino de al menos 2.700 colombianos, entre ellos 196 Soldados y Policías, desaparecidos por las Farc, ahora ordena buscar los restos del terrorista Camilo Torres Restrepo para darle un fetiche político al Eln y una pretendida “victoria moral” a la izquierda violenta que mantiene el anacrónico cuento revolucionario.

Hoy sólo nos queda la reserva moral de Colombia para defender los pocos valores sociales, familiares y cristianos que el hedonismo liberal nos ha arrebatado; ante la inminente hecatombe institucional a que nos conduce el gobierno Santos y el narcoterrorismo no podemos permanecer indiferentes o pasivos, si llega a convocarse el mendaz plebiscito claudicante debemos acudir masivamente a las urnas para decir un rotundo NO y que el mundo entienda que los colombianos no aceptamos cadenas de ninguna índole, mucho menos las que nos impondrá el desueto marxismo-leninismo que este gobierno aspira a imponernos de la mano contra quienes durante más de 60 años han depredado la nación.

 
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Publicado por en febrero 2, 2016 en Opinión Pública

 

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