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Ruptura Institucional

16 Feb

PLANTILLA COLOMBIAOPINAComo colombiano me duele profundamente la crisis institucional que vive la Policía Nacional, fruto de la politización e instrumentalización del mando que se viene dando hace un tiempo y que llega a su clímax con la llegada de Juan Manuel Santos a la presidencia de la república, fenómeno perverso que se extiende a las Fuerzas Militares y todos los organismos de seguridad. Como que los antecedentes individuales de los mandos, no necesariamente delictuales o disciplinarios, han servido para neutralizar cualquier oposición dentro de las instituciones castrenses y policiales al proyecto claudicacionista.

No han dudado en sacrificar incluso peones de sus propias filas políticas para satisfacer sus protervas intenciones; así se evidencia hoy con la “denuncia” que hace Vicky Dávila que compromete al ex senador y ahora ex viceministro Carlos Ferro, se hace público un vídeo en el que se escucha una conversación de contenido sexual con un Oficial de la Policía, pero no demuestra la existencia de conductas dolosas contra la libertad y el pudor sexual de los implicados, mucho menos ofrecimiento de pago o favores a cambio de sexo para alguno de ellos o un tercero, lo que constituiría el delito de proxenetismo o inducción a la prostitución. Son dos hombres maduros que libremente hablan de una mutua atracción que sienten desde hace algún tiempo, lo que hace parte de la intimidad; su divulgación con quién sabe qué objetivos, indudablemente viola derechos fundamentales de esas personas.

No creo en la capacidad investigativa de Vicky Dávila, cuyos méritos han sido pegarse como rémora al poder político del momento y mediante zalemas obtener información privilegiada o interesada para figurar mediáticamente; detrás de este escándalo hay intereses oscuros de poder, de aseguramiento del poder mediante lealtades incondicionales de quienes sobrevivan a la presión que supuestamente están ejerciendo antiguos directores de la Policía hoy en trance político para acomodarse al pretendido período posconflicto, ser el “Ministro de Seguridad” en ese período de transición en el que deben reformarse las Fuerzas Militares y la Policía Nacional para dar cabida a los narcoterroristas desmovilizados que recibirán como premio poder político e institucional.

No es coincidencia la misteriosa salida del señor General Luis Gilberto Ramírez Calle, quien por antigüedad debería ser el director de la Policía, y ahora la eliminación del señor General Luis Eduardo Martínez acudiendo al infame procedimiento de resucitar un informe de la DEA que no lo comprometía a él más allá de unas declaraciones de criminales que lo señalaban de apoyar grupos de autodefensas ilegales sin aportar ninguna prueba de ello. Si el mecanismo utilizado para llamar a calificar servicios al General Martínez fuera válido, entonces todos los Oficiales, Suboficiales, Soldados y Policías de la patria deberían ser destituidos porque los narcoterroristas y sus voceros políticos siempre han hecho esos señalamientos para deslegitimar las victorias por las armas de las fuerzas legítimas contra las organizaciones criminales.

Resulta bien curioso que el ascenso del General Martínez en el Congreso fue detenido por un personaje caracterizado por su permanente vocería de las organizaciones narcoterroristas, este domingo estuvo involucrado en la grosera provocación a los pobladores del Carmen de Chucurí, y que posteriormente fueran las mismas Farc las que exigieran su salida en La Habana, petición atendida ahora con el llamado a calificar servicios al valioso Oficial.

Sin duda la posición del General Palomino ya no tiene sustento y lo mejor que podría hacer por él mismo y por la institución es dar un paso al costado; los hechos por los que es denunciado son variados, pero sin duda el cuento de la “Comunidad del anillo” es el que mediáticamente más daño ha causado a la Policía, sobre todo porque la denuncia proviene de un Oficial Superior de la institución; los hechos son tozudos, la insistencia en mantenerlo en el cargo más allá del tiempo normal de servicio porque políticamente era leal al presidente es prueba de esa instrumentalización politiquera que se ha dado en la institución.

Desafortunadamente hechos delictuosos, de corrupción e inmoralidad, de malos policías han empañado en estos días la imagen de toda la institución porque pareciere haber un interés perverso en utilizar esos casos para tapar otros escándalos; los policiales involucrados en inconductas no son ni siquiera el 1% del universo de hombres y mujeres que todos los días sirven a la patria y a la sociedad de manera honesta y sacrificada, pero esas situaciones de una minoría afectan directa o indirectamente a toda la Policía porque asesinan la moral de los buenos servidores y matan la confianza de los ciudadanos en su institución.

Hoy hay que hacer un llamado a todos los policiales de todos los órdenes y jerarquías a constituirse en infranqueable barrera contra la ruptura institucional en provecho de algunos grupos del poder político; que los señores Coroneles, Tenientes Coroneles y Mayores no se involucren en el perverso juego de quienes ya cumplieron su ciclo en la institución y hoy quieren utilizarla de trampolín para satisfacer intereses políticos en el fementido posconflicto que está muy lejos de llegar a Colombia; la desaparición de las siglas Farc del escenario criminal no indica el fin de la actividad narcoterrorista y delincuencial que afecta a la sociedad que es a la que el Policía se debe.

 
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Publicado por en febrero 16, 2016 en Opinión Pública

 

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